Me llamaron el día de antes desde la emisora para hacer un servicio de largo recorrido: ir a recoger a un cliente al aeropuerto de Barajas.
Había rechazado varios servicios de carretera en los días anteriores por no estar seguro de poder realizarlos con la carga de batería del coche, pero en este servicio me podía organizar bien. Era recoger en Madrid a las 11:10. Este tipo de servicios los asignan por lista al último clasificado, de manera que se asciende en la lista a razón del número de kilómetros recorridos por el servicio.
Me planifiqué minuciosamente el timing para llegar a tiempo a recoger con el máximo de carga en la batería. Llevaba casi una hora de margen en previsión que pudiera surgir algún imprevisto. En invierno, en las provincias de Soria y Guadalajara, por la mañana hace mucho frío, y eso la batería lo resiente.
Hice una carga de hasta el 80% a la altura de Sigüenza. A partir de ahí bajó mucho la media de consumo (tráfico, temperatura...) Tenía previsto hacer otra carga en las inmediaciones del aeropuerto para dejar la batería a tope y tener que parar el menor tiempo posible de vuelta con el cliente. Después de una búsqueda fracasada haciendo caso de las indicaciones de cargadores que hace el coche y las app del móvil, un golpe de suerte me presentó una gasolinera de Repsol con un cargador libre a 200 metros de la T2, lugar donde tenía que recoger al cliente. Mi plan, en ese momento, había salido perfecto.
Pregunté a unos taxistas de Madrid que estaban tomando café en la gasolinera por dónde dejar el coche para ir a buscar al cliente al hall de la T2. Las indicaciones fueron claras y precisas y ellos super amables. Olé por los taxistas buenos de Madrid. Estaba con el cartelito esperando en tiempo y forma.
Tenía que recoger a un ejecutivo turco-alemán de la empresa Man-filter. Esperaba a un señor mayor, trajeado, corbata o algún tipo de pañuelo o turbante... Me había preparado varias frases en inglés para iniciar la conversación pero, tras media hora de espera, se me presentó un chaval más joven que yo con pintas de reguetonero, chándal de Ralf Lauren y zapatillas.
- Welcome to Spain, I'm Rafael Aibar, I'm your taxi driver, can I help you whit the bag? - Le solté todo de golpe y le acompañe entre risas al coche.
Al intentar abrir el maletero no se abría, ... bueno, a veces pasa, por lo que sea, pensé. No sé bien cómo pero se abrió. Las puertas del coche no se abrían, uf...que raro, que mala suerte. Saqué la llave física para abrirlo de forma manual mientras se me empezaban a pasar mil cosas por la cabeza, aunque ninguna era la acertada.
Al intentar encender el coche, éste no respondía. Ansiedad, angustia, dolor de cabeza, parálisis, incredulidad, sudores fríos...en unos segundos se me había venido todo abajo: tenía al cliente pero no podía encender un coche eléctrico para llevarlo al destino.
En esos momentos lo más difícil es mantener la cabeza fría para dar los pasos correctos. Se me pasaba por la cabeza perder el servicio, tener que buscarme la vida por algún taller... conseguir alejar los malos pensamientos es el primer paso para reaccionar.
El segundo es pedir ayuda. Siempre es bueno tener una opinión externa, alejada del estrés de uno mismo. Contacté por WhatsApp con el grupo e taxistas que tenemos el mismo coche y enseguida me dieron un diagnóstico claro: es la batería pequeña al 100%.
Estaba en una especie de apeadero que tienen delante de la parada de taxis y pregunté si tenía pinzas para arrancar al taxista que tenía delante. El compañero se portó de 10 contigo; no tenía pero me iba ofrecido soluciones. Llamé a su compañía de radiotaxi pero no localizaban a nadie, rechacé otras posibilidades y por fin, localizó en Getafe a un compañero con pinzas. Era un compañero de los "grandes' de los que llevan vehículos de 8 plazas. En 15 minutos, mientras intentaba calmarme y explicarle al cliente los pasos que daba, se presentó Ángel. ¡Olé por los taxistas buenos de Madrid! Llevaba un arrancador del tamaño de un datáfono con unas pinzas. Las puso y el coche ¡arrancó!
Respiraba aliviado mientras me quitaba el sudor de la frente. Ángel tuvo el grandísimo gesto de altruismo y de grandeza de no pedirme nada. La verdad que reconforta mucho encontrarte con este tipo de gente cuando estás en apuros. No soy muy explendido en propinas y no sé si sería ajustado lo que le di, desde aquí de nuevo gracias y gracias también al compañero que me acompañó en todo momento.
Tienen, tenemos una injustificada, y supongo que interesada mala fama, pero mi experiencia con ellos no puede ser mejor. Supongo que, como también pasa aquí, las nuevas generaciones arrastramos antiguas condenas por vicios que solamente nos quitaremos manteniendo siempre esta conducta. Ángel me explicaba que para ellos es lo normal, que siempre se ayudan y que estaban para lo que hiciera falta. Pero eso, por desgracia, no siempre es lo normal, ni entre compañeros.
De vuelta, una pequeña parada en Calatayud para cargar, un pincho de tortilla y antes de las 4 dejaba al cliente en su destino. Justo el horario que le había dado entre risas camino al coche, gracias, sobretodo, a algunos taxistas buenos.
