sábado, 14 de marzo de 2026

Algunos taxistas buenos

Me llamaron el día de antes desde la emisora para hacer  un servicio de largo recorrido: ir a recoger a un cliente al aeropuerto de Barajas

Había rechazado varios servicios de carretera en los días anteriores por no estar seguro de poder realizarlos con la carga de batería del coche, pero en este servicio me podía organizar bien. Era recoger en Madrid a las 11:10. Este tipo de servicios los asignan por lista al último clasificado, de manera que se asciende en la lista a razón del número de kilómetros recorridos por el servicio.

Me planifiqué minuciosamente el timing para llegar a tiempo a recoger con el máximo de carga en la batería. Llevaba casi una hora de margen en previsión que pudiera surgir algún imprevisto. En invierno, en las provincias de Soria y Guadalajara, por la mañana hace mucho frío, y eso la batería lo resiente. 

Hice una carga de hasta el 80% a la altura de Sigüenza. A partir de ahí bajó mucho la media de consumo (tráfico, temperatura...) Tenía previsto hacer otra carga en las inmediaciones del aeropuerto para dejar la batería a tope y tener que parar el menor tiempo posible de vuelta con el cliente. Después de una búsqueda fracasada haciendo caso de las indicaciones de cargadores que hace el coche y las app del móvil, un golpe de suerte me presentó una gasolinera de Repsol con un cargador libre a 200 metros de la T2, lugar donde tenía que recoger al cliente. Mi plan, en ese momento, había salido perfecto. 

Pregunté a unos taxistas de Madrid que estaban tomando café en la gasolinera por dónde dejar el coche para ir a buscar al cliente al hall de la T2. Las indicaciones fueron claras y precisas y ellos super amables. Olé por los taxistas buenos de Madrid. Estaba con el cartelito esperando en tiempo y forma. 

Tenía que recoger a un ejecutivo turco-alemán de la empresa Man-filter. Esperaba a un señor mayor, trajeado, corbata o algún tipo de pañuelo o turbante... Me había preparado varias frases en inglés para iniciar la conversación pero, tras media hora de espera, se me presentó un chaval más joven que yo con pintas de reguetonero, chándal de Ralf Lauren y zapatillas. 

- Welcome to Spain, I'm Rafael Aibar, I'm your taxi driver, can I help you whit the bag?  - Le solté todo de golpe y le acompañe entre risas al coche. 

Al intentar abrir el maletero no se abría, ... bueno, a veces pasa, por lo que sea, pensé. No sé bien cómo pero se abrió. Las puertas del coche no se abrían, uf...que raro, que mala suerte. Saqué la llave física para abrirlo de forma manual mientras se me empezaban a pasar mil cosas por la cabeza, aunque ninguna era la acertada. 

Al intentar encender el coche, éste no respondía. Ansiedad, angustia, dolor de cabeza, parálisis, incredulidad, sudores fríos...en unos segundos se me había venido todo abajo: tenía al cliente pero no podía encender un coche eléctrico para llevarlo al destino

En esos momentos lo más difícil es mantener la cabeza fría para dar los pasos correctos. Se me pasaba por la cabeza perder el servicio, tener que buscarme la vida por algún taller... conseguir alejar los malos pensamientos es el primer paso para reaccionar. 

El segundo es pedir ayuda. Siempre es bueno tener una opinión externa, alejada del estrés de uno mismo. Contacté por WhatsApp con el grupo e taxistas que tenemos el mismo coche y enseguida me dieron un diagnóstico claro: es la batería pequeña al 100%

Estaba en una especie de apeadero que tienen delante de la parada de taxis y pregunté si tenía pinzas para arrancar al taxista que tenía delante. El compañero se portó de 10 contigo; no tenía pero me iba ofrecido soluciones.  Llamé a su compañía de radiotaxi pero no localizaban a nadie, rechacé otras posibilidades y por fin, localizó en Getafe a un compañero con pinzas. Era un compañero de los "grandes' de los que llevan vehículos de 8 plazas. En 15 minutos,  mientras intentaba calmarme y explicarle al cliente los pasos que daba, se presentó Ángel. ¡Olé por los taxistas buenos de Madrid! Llevaba un arrancador del tamaño de un datáfono con unas pinzas. Las puso y el coche ¡arrancó! 

Respiraba aliviado mientras me quitaba el sudor de la frente. Ángel tuvo el grandísimo gesto de altruismo y de grandeza de no pedirme nada. La verdad que reconforta mucho encontrarte con este tipo de gente cuando estás en apuros. No soy muy explendido en propinas y no sé si sería ajustado lo que le di, desde aquí de nuevo gracias y gracias también al compañero que me acompañó en todo momento. 

Tienen, tenemos una injustificada, y supongo que interesada mala fama, pero mi experiencia con ellos no puede ser mejor. Supongo que, como también pasa aquí, las nuevas generaciones arrastramos antiguas condenas por vicios que solamente nos quitaremos manteniendo siempre esta conducta. Ángel me explicaba que para ellos es lo normal, que siempre se ayudan y que estaban para lo que hiciera falta. Pero eso, por desgracia, no siempre es lo normal, ni entre compañeros. 

De vuelta, una pequeña parada en Calatayud para cargar, un pincho de tortilla y antes de las 4 dejaba al cliente en su destino. Justo el horario que le había dado entre risas camino al coche, gracias, sobretodo, a algunos taxistas buenos.



martes, 6 de enero de 2026

Control de policía

Dicen que días de mucho, vísperas de nada...y los días posteriores tampoco añadiría yo. 

La noche del viernes 3 de enero no se presentaba muy halagüeña en términos de trabajo y doy fe de que así era. 

Me costó mucho coger la primera carrera, una subasta en Las Fuentes. La calle era un tramo en un sentido, y otro en el otro, así que por no tardar más en llegar al servicio, que ya me llegó con retraso, decidí recorrer un tramo marcha atrás. 

En ese momento no lo sabía, pero ese detalle hizo que el cliente empatizara conmigo.

De aspecto rudo, grande, complexión fuerte, calvo con perilla y gabán de borreguillo hasta la rodilla.

Omitiré datos pero iba a un barrio a las afueras. Hasta mitad de camino no abrió la boca, y lo hizo para preguntar si había algún control de alcoholemia. 

- Hace poco me pararon a mí, iba hasta el culo y me fugué - me dijo. 

Antes de entrar en detalles, esto me recordó a lo que le pasó a José Manuel, un compañero con el que desayuno todos fines de semana. 

Un sábado, estando parado dejando a clientes, unos borrachos estamparon el coche contra él. No lo vieron, por suerte no hubo consecuencias personales aunque los daños en el coche fueron importantes. 

Al sábado siguiente, José Manuel, observó a unos borrachos cogiendo el coche y dio aviso a la policía. Enseguida los localizaron y les dieron el alto. 

No sé qué cable se debe pelar en ese momento para decidir emprender una huida. Seguramente uno que está al lado del que se pela cuando decides conducir borracho. Puente de los gitanos, calle Sevilla, paseo Ruiseñores en dirección contraria para acabar, rompiendo la valla, sumergido en el canal.

Al igual que éstos, mi cliente también salió en la prensa, me seguía contando mientras renegaba de la policía. Vio el control pasando el puente de Hierro y decidió echar marcha atrás y huir, hasta arriba de todo. Me acorralaron y me detuvieron a punta de pistola, me hicieron hicieron sentir como un criminal, me explicaba.

Desde aquí agradecer a las fuerzas y cuerpos de seguridad que nos quiten a estos tipejos de la circulación.

Cómo me dijo el cliente, que valga bien.





martes, 23 de diciembre de 2025

Próxima parada: estación Delicias

Y ahora sopla el viento, cuando el mar, quedó lejos hace tiempo

Dicen que Manolo García compuso estos versos del tema Pájaros de Barro al salir de la estación Delicias, en una de sus visitas a Zaragoza. Y es que, ¿quién no ha sido el famosillo que no ha escrito algo acerca de su experiencia en su paso por la estación?

Que sí, que hace frío en invierno, ya lo sabemos, pero joder, tampoco es para tanto. 

El pionero fue el gran Leo Harlem. Mucha gente piensa que es maño, por lo bien que nos retrata, por su nobleza y por lo majo que es. Leo decía que en la Estación Delicias se fábrica el frío y se exporta y que le pusieron ese nombre para despistar.

Nosotros, los taxistas, tenemos una relación amor-odio con la estación. Yo apenas voy, pero hay compañeros que prácticamente solo se alquilan ahí. 

Obviamente, es el principal caladero de clientes que hay en Zaragoza. 

Desde hace un tiempo nos cobran hasta por usar el baño. Imagino que la medida irá destinada a disuadir a las personas que hacen un mal uso, pero a los compañeros prostáticos les han hecho una faena. Entiendo que la medida habrá hecho que el servicio del taxi se resienta. Por otra parte, esas paradas son el epicentro de los mentideros de taxistas. Donde se producen los más intensos debates de la actualidad del gremio.

Para nosotros Leo, peor que el frío, es ponerse a esperar clientes al sol. 

En verano a partir de las 11 de la mañana se derriten las farolas, y sí, hay aire acondicionado, pero más de 10 minutos al sol no los aplaca. 

Recuerdo que cuando la estrenaron, un cliente oriental que iba con prisa y no sabía que estaba en funcionamiento, viendo que llevaban una ruta distinta a la que era a la antigua estación, golpeó a un compañero, haciéndole perder un ojo. Por favor, confiar en los taxistas, igual que Leo, somos gente noble. 

Termino por Manolo García, dedicado a los viajeros, en los mapas me pierdo, en las carreteras duermo. 



domingo, 14 de diciembre de 2025

Palabras para Julia



La nuestra debería ser considerada como una profesión de riesgo. Concretamente de riesgo de encontrarte con situaciones surrealistas, esdrújulas, variopintas. 

Si hay un momento propicio para encontrarte con estás situaciones, más incluso que la noche del sábado, es la mañana del domingo. 

Noviembre, 11 de la mañana, el invierno avisa que llegará pronto en una mañana fresca y húmeda. Me entra un servicio para recoger en la calle Bolonia. Necesitan dos taxis. Estaba algo apartado. Al llegar veo que un taxi y un coche particular arrancan de la puerta donde había que recoger, así que paro en la misma puerta. Tardo unos minutos en analizar lo que estaba pasando. En el patio había cuatro o cinco agentes de la policía local, uno de ellos en la puerta impidiendo la salida. El patio era pequeño, como de tres por tres y ahí se acumulaban unas 15 personas.

A dos metros del portal,  unos señores con cara de entre concentración y preocupación. Al otro lado de la calle, en la acera, 3 o 4 latinos con poca ropa y cara descolocada, hablando con el resto de la cuadrilla que estaban siendo cacheados o identificados por la policía en el patio. 

"Tú no puedes salir porque te hemos pillado con sustancias ilegales", le comentaba uno de los agentes a una chica. 

Yo, lo único que quería era recoger a mis clientes y marcharme, pero ninguno de los que estaban en la escena se me había presentado como cliente y el otro taxi ya había salido. 

Decidí usar el botón de contactar con el cliente y enseguida, de entre la marabunta, sale Alejandro, con lo que parecía una especie de mesa camilla portátil. 

Alejandro parecía el más sereno y espabilado de todos, - espera que falta alguno y nos vamos-, me dice.

Vale, por fin tenía identificados a los clientes, por un lado me tranquilizaba y por otro todo lo contrario. 

Empecé a entender la situación. Los jóvenes, colombianos de entre 25 y 30 años habían hecho una fiesta/bacanal durante toda la noche. Sexo, drogas y reguetón. Los vecinos, por más intentos de que bajaran el volumen durante toda la noche con repetidos picazos al portal, llamaron a la policía, y ésta se presentó con los funcionarios de Justicia, (las personas con semblante serio que estaban en la acera, junto a los vecinos denunciantes),  para poder acceder a la vivienda con la orden judicial y poder detener la fiesta.

Es éstas que se acercan dos personas de frente por la acera. Uno era el compañero taxista que no había recogido. Se había apartado para no impedir el paso. El otro era Emilio Larraz, hacía unas semanas había entrenado al Real Zaragoza, en ese momento se iba a entrenar al Deportivo Aragón. 

En 25 años que llevo en Zaragoza es la primera vez que veo a un entrenador del Zaragoza por la calle, vale que estemos en horas bajas, pero pasó totalmente desapercibido para el resto de la gente. Lo cual le añadía más surrealismo a la historia. Al compañero taxista le advertí que se tenía que llevar a las señoritas.

Se quedó perplejo, balbuceante, no sé si al final cargaría. Yo me fui con los chavales. Me tomaron como confidente de todas sus fechorías, controlaban una página de citas de Zaragoza entre otras cosas. Me pidieron que pusiera reguetón para seguir la fiesta. Para éstas ocasiones tengo preparada una lista de reproducción que empieza con "Palabras para Julia" de Los Suaves, poesía de barrio con potentes guitarras, ideal para despejar la cabeza de tonterías, recomiendo escuchar a todo volumen. Se me hace muy difícil respetar al que no se respeta ni a sí mismo, ni a los demás.

domingo, 5 de octubre de 2025

Al baño

Un compañero avisó por la emisora que había un servicio en una clínica del extrarradio. 

Eran sobre las 3:30, estaba cerca así que me acerqué a recoger. Era una pareja de Huelva (seguramente serían de Lepe). Tenían el AVE de vuelta a las 9:00 y querían aprovechar la tarde conociendo los monumentos mas importantes de Zaragoza.

- Buenas tardes, ¿nos lleva al Pilar y al baño? Por favor
- ¿Al baño? Respondo extrañado
- Si, nos ha dicho el compañero que está al lado del Pilar...
- Pues igual son las termas, o..,espera, ¿no será La Seo?




lunes, 9 de junio de 2025

He venido a hablar de mi libro

¡Siga a ese taxi! Es una frase molona que usa una campaña de publicidad del taxi en Zaragoza. Pero he venido a hablar de mi libro, o mañana estaré firmando libros en la feria, es de otro nivel. 

Eso es precisamente, lo que tuve la oportunidad de hacer el pasado domingo. Gracias a la Asociación Aragonesa de Escritores por la oportunidad. Fue un placer conocer y poder hablar con lectores y con otros autores aragoneses.  Mismas inquietudes y distintos modos de afrontarlas. 

Siempre es enriquecedor cambiar puntos de vista. Una experiencia inolvidable con la que pongo el broche final a la promoción del libro. Hasta aquí ha llegado.

La verdad que ha superado con creces mis expectativas, que no eran muchas al principio, pero enseguida se interesó en venderlo la Librería General o "La tienda de al lado" de Rosales del canal. A parte de estar disponible en todas las librerías digitales. Un día tuve la idea de ponerlo en la parte trasera del asiento del copiloto, y la verdad que llamó la atención. Hay quien lo lee, quién pregunta e incluso quien lo compra.

Todavía guardo algún ejemplar que tengo comprometido, pero aquí termina una etapa y puede que empiece otra. Ya amenazo con nuevas ideas y proyectos. Ahora ya me sé el camino: sólo me faltan otros 15 años tan intensos.




martes, 6 de mayo de 2025

El cojo del simpa



Me da un poco de cosa contar esta historia, pero viene a cuento por un detalle. Os pongo en antecedentes. Por suerte puedo contar con los dedos de una mano los simpas que he sufrido, pero ese día el que se fue sin pagar era un cojo. 

Los  había cogido en una whiskería de la avenida Madrid a las 5 de la mañana. Iba el cojo acompañado por un hombre de raza negra y me pidieron que los llevara a una discoteca de africanos que hay en la calle La Salina. 


Al principio muy majos, gracias por parar y todo eso, pero luego cambió el ceño y empezó a meterse conmigo por todo. No recuerdo los detalles, pero tras una discusión salió sin pagar. Decía que al ser minusválido tenía derecho a transporte gratis. Salí del coche para intentar retenerlo pero lo único que saqué fue un intercambio de insultos. Si lo tocaba y se caía, aparte de que se me iban a echar encima todos los amigos que tuvieran en la discoteca, si tenía lesiones y en la caída se lastimaba me podía buscar problemas. Pensé que el coste no me rentaba. Hay veces que lo correcto choca con lo adecuado, y lo adecuado con lo conveniente. Era una carrera corta, 6 euros. Montar follón y perder dos horas para recuperar 6 euros era lo correcto, pero me salía más a cuenta perderlo de vista. 

Hacer un simpa es un delito y las multas van de 1.000 a 2.000 euros. Hacerlos no siempre sale bien, y nos conviene denunciarlos, sobretodo para que no se produzcan más. El tipo era un indeseable, una de esas personas que esperas no volver a cruzarte en tu vida. 

El caso es que en otra carrera llevaba de pasajeros a una pareja de Nicaragüenses que iban hablando de un asesinato ocurrido en el Bar de la hermana de uno de ellos. El Bar Imperio, en la calle San Rafael. Por lo visto mantenía una deuda de 20 euros con el asesino. El asesino era un cojo que huyó corriendo, si, corriendo, a un bar cercano para despistar a la policía (lo grabó una vecina desde el balcón) y cuya descripción coincidía exactamente con la del cojo de mi simpa.

Una sola puñalada, pero certera, letal, acabó con su vida.

-  ¿Lo he matado? - Preguntaba el asesino del simpa mientras era detenido - porque si no vuelvo y lo remato.