domingo, 10 de mayo de 2026

Lo normal es peder

Hay partidos que se ganan sin bajarse del autobús, otros se ganan en el último minuto y otros que empiezas perdiendo antes de que ruede el balón. Eso es lo que le pasó al chico en esta historia.

Sábado, 7:30 de la mañana, ya hacía un rato que habían cerrado todas las discotecas y solamente quedaban por recogerse los más rezagados. 

Me para una chica risueña en el Camino de las Torres esquina Cesáreo Alierta. Le acompañaban dos chicos y decide hacerles una broma: se sienta en el sillón del copiloto y me pide que avance unos metros para hacerles pensar que los dejan en tierra. Terminaron subiendo, aunque no les hizo gracia la broma. Me sorprendió lo pulcros y serenos que iban todos a esas horas de la madrugada. Al primero, el escudero "aguantavelas" lo dejamos en la Plaza Roma y se quedaron los protagonistas de esta historia. 

Esta historia está llena de matices y entiendo que será distinta en función desde donde se enfoque: yo soy el taxista y aquí simplemente intento relatar lo que veo que pasa en el taxi.

Ella, enfermera recién titulada, vivía en una de las mejores urbanizaciones de Zaragoza todavía con sus padres. Se la veía muy contenta, había conocido a un chico por la noche, habían estado toda la noche juntos y se iban a casa compartiendo taxi.

Él, jugador del Real Zaragoza, había regresado al equipo en busca de relanzarlo con victorias que no terminaban de  llegar. La noche, las mujeres y el alcohol habían truncado una gran carrera y esa noche ya había gastado el as de corazones en su ritual de seducción: la chica ya sabía de su condición de futbolista del Real Zaragoza, con eso no tenía suficiente y quería conocerlo más, se dejaba querer. 

A él parecía que no le quedaban apenas cartas para usar en la conquista y no se esforzaba en buscar el gol.  "Que callado estás" le dijo ella. "Es que no me das bola" contestaba con cierta soberbia utilizando un simíl futbolístico. La chica  quería saber algo más de él. Él seguía en su empeño de conquistarla aunque no mostraba demasiado esfuerzo. Mientras ella planteaba partido, el quería que le dejaran el balón para empujar a puerta vacía.

Como en el fútbol, no siempre hay victoria con gol en el último minuto. 

La temporada del Zaragoza pintaba desastrosa y esta historia tampoco iba a acabar bien para él. Axel Torres explica en un libro de fútbol que lo normal es perder, que hasta los equipos que más veces han ganado, han perdido muchas más veces de las que han vencido y que esto se puede aplicar también al resto de deportes y yo añadiría también, sin querer ser derrotista, a otros aspectos de la vida. 

En las noches zaragozanas de conquistas, las noches en las que se vuelve de vacío ganan por goleada y se confirma la teoría: lo normal es perder, y a veces también, aunque tengas el as de corazones. 

Sin embargo, ella tiró de orgullo: "Se cree que sólo por ser futbolista me voy a ir con él" me dijo. La derrota es la cruz en una moneda. La cara se la llevó ella, y bien alta.


martes, 5 de mayo de 2026

Lo nunca visto

Son muchos años de profesión y, como lo vengo comentando, aquí, a los pedales y al volante, he visto de todo y de todos colores.

He visto construir torres más altas que las torres del Pilar, he visto construir barrios enteros, polígonos, cinturones. He visto coches salirse y dar vueltas de campana por la autopista camino del aeropuerto. He visto aparecer aplicaciones y desaparecer radiotaxis. He visto a drogadictos golpearse la cabeza contra señales al ser requeridos por la policía y tras eso soltar un puñetazo al agente y desplomarse por golpear la señal en lugar de al agente. He visto gente esquivar machetazos en la puerta de una discoteca. He visto policías perdonarme multas. He visto trenes llegar a su hora. He visto dos.

Reyes, cuatro Presidentes, cuatro Papas...pero lo que nunca he visto ha sido a un taxista perder en una discusión de tráfico, nunca. 

Señoras y señores taxistas de Zaragoza y de todo el mundo: no hay que bajar la guardia ni un ápice. Por más evidente que sea el rodeo que, por algún descuido súbito, estuviéramos haciendo, siempre se pueden alegar unas obras, una cabalgata o una manifestación que justifique nuestro error, pero un taxista nunca puede perder en una discusión de tráfico, o de algún trayecto, o de cualquier circunstancia derivada del ejercicio de nuestra profesión, bajo ningún concepto. Nuestro prestigio y nuestra reputación están en juego. Se podrá confundir el cliente, el guardia, el cuñado, el mapa, el GPS, pero un taxista nunca. Es algo que, por lo menos yo, nunca he visto.

viernes, 24 de abril de 2026

Todo lo que me hubiera gustado que me contaran

Ahora que ya tengo cierto bagaje, llevo desde el 2009 como taxista y aunque considero que con un año ya sabes todo que tienes que saber, el tiempo y la experiencia te dan otra perspectiva de cómo afrontar la profesión. 

Considero que con un año ya sabes todo de la profesión porque los primeros meses vas, como se dice coloquialmente, a saco. 

Empiezas con muchas deudas, quieres trabajar mucho, para saldar deudas y que te quede algo, aprender mucho, calles, atajos, donde salen los servicios buenos y como tratar a los clientes, a las operadoras de radiotaxi y a los compañeros. Todo eso en un año ya lo sabes, es más, con el tiempo hasta lo vas dejando un poco de lado. El otro día un compañero de 30 años de profesión me decía que se le están olvidando calles. 

Aquí hay muchas formas de trabajar y todas son válidas. Hay quien "solo" se alquila en la estación, el que solo sabe "trillar" (no para en ninguna parada) y todas pueden ser válidas. 

Recuerdo que con el primer taxista que hablé, me sacó una servilleta y me expuso todos los gastos que acarrea tener un taxi y todo lo que tenía que tener en cuenta.  Salí deprimido - ¡hasta los horarios de cierre de los bingos! 

A día de hoy no me sé ninguno, lo que demuestra que cada uno se puede buscar las habichuelas a su manera. Eso sí, lo que no sabes cuando empiezas, ni cuando llevas un año y lo aprendes con la experiencia porque nadie te lo dice es que lo más importante que uno tiene que saber para ser taxista es gestionar su tiempo. Saber establecer una raya que separa la linde  donde llega tu tiempo de trabajo, tu tiempo de ocio, tu tiempo de familia, tu tiempo de salud y deporte y tu tiempo de amigos y ocio. Si el trabajo es importante, el resto de ámbitos de la vida también lo son. Es en este aspecto donde he visto fracasar a más compañeros. 

Un día, un compañero me decía que aquí siempre hay que hacer una hora más. Los días que hay poca faena por completar el cajón. Y los días que hay mucha por aprovechar la demanda. 

Trabajar aquí es el único secreto, pero no es lo único, así que establecer un equilibrio entre laborar y descansar resulta básico. He visto compañeros chafar tres coches por, a mí juicio claro, falta de descanso.

También conocí a un mozo que lo dejó por querer ver crecer a sus hijos, y como no, no faltan ejemplos que no terminan bien por un exceso de ocio, exceso de vida alegre.

Lo que, a priori, puede parecer una ventaja, el hecho de que nosotros mismos nos marquemos nuestro propio horario, en muchos casos se convierte en un caramelo envenenado que los acaba matando. Ojo, no estoy diciendo que todo el mundo tenga que trabajar de siete a tres, hay quien trabaja de tres de la mañana a tres de la tarde y le va de lujo. 

Muchos clientes y mucha gente me preguntan sobre el trabajo de taxista, les diría que lo más importante es encontrar el punto de equilibrio donde puedas satisfacer todas las facetas de la vida.



lunes, 6 de abril de 2026

De mayor quiero ser taxista



Me encanta descubrir las reacciones de los niños cuando comentan que es su primer viaje en taxi. 

Tratan de asomar su cabeza sobre el habitáculo delantero, intentando descifrar para qué sirve cada pantalla, cada aparato, cada botón. Yo la verdad que no llevo gran cosa, pero hay compañeros que igual llevan cuatro pantallas, aparte de las del coche, más sus soportes, sus cables, el taximetro y otros cacharros. Vamos, una nave espacial, el parque de atracciones para un niño que sueña ser piloto de algo.  Todo eso más un volante es todo lo que necesitan para hacer volar su imaginación. 

A todo eso, le añadimos la cajita de monedas para dar los cambios. Una vez, un niño me comentó que de mayor quería ser taxista para tener una de esas.

A mí me ha traído hasta aquí el destino, supongo. Mi padre era taxista de pueblo, pero no tenía ningún cacharrito en el salpicadero, ni siquiera cajita con monedas. Manejaba un SEAT 131 motor perkins que se oía desde casa antes de que entrara al pueblo. 

El 131 era el modelo más usado por los taxistas a principios de los 80 debido a su amplitud, su robustez y su fiabilidad y, como no, a su precio. Se lo quitó por aburrimiento, porque nunca tuvo una avería importante.

Recuerdo perfectamente cuál fue mi primer viaje en taxi. Tendría unos 6 años, ocupaba la parte de atrás, viajaba sin cinturón y sin sillita homologada para mí altura y mi peso. El cliente era el señor Alejandro Tanco, un "pardinero" que vivía en una casa con granja en mitad del campo. Aquí se llamaban pardinas, en otros sitios se conocen como torres o como masías. El caso es que estaba a unos 6 km del pueblo, pero a mí me parecía todo un viaje. 

Alejandro, hablaba despacio y con una entonación particular. Bajaba al pueblo a hacer la compra para una temporada y se volvía a la pardina en taxi. Mi padre le contaba algún chascarrillo y entre broma y broma, una curva a la izquierda para coger una cuesta empinada de un camino empedrado antes de llegar a Vellaco, habíamos llegado al destino. 

En ese momento no lo sabía, pero igual que al niño con la cajita de los cambios, a mí, por dentro ya se me había encendido una luz de lo que quería ser de mayor: ¡taxista!

sábado, 14 de marzo de 2026

Algunos taxistas buenos

Me llamaron el día de antes desde la emisora para hacer  un servicio de largo recorrido: ir a recoger a un cliente al aeropuerto de Barajas

Había rechazado varios servicios de carretera en los días anteriores por no estar seguro de poder realizarlos con la carga de batería del coche, pero en este servicio me podía organizar bien. Era recoger en Madrid a las 11:10. Este tipo de servicios los asignan por lista al último clasificado, de manera que se asciende en la lista a razón del número de kilómetros recorridos por el servicio.

Me planifiqué minuciosamente el timing para llegar a tiempo a recoger con el máximo de carga en la batería. Llevaba casi una hora de margen en previsión que pudiera surgir algún imprevisto. En invierno, en las provincias de Soria y Guadalajara, por la mañana hace mucho frío, y eso la batería lo resiente. 

Hice una carga de hasta el 80% a la altura de Sigüenza. A partir de ahí bajó mucho la media de consumo (tráfico, temperatura...) Tenía previsto hacer otra carga en las inmediaciones del aeropuerto para dejar la batería a tope y tener que parar el menor tiempo posible de vuelta con el cliente. Después de una búsqueda fracasada haciendo caso de las indicaciones de cargadores que hace el coche y las app del móvil, un golpe de suerte me presentó una gasolinera de Repsol con un cargador libre a 200 metros de la T2, lugar donde tenía que recoger al cliente. Mi plan, en ese momento, había salido perfecto. 

Pregunté a unos taxistas de Madrid que estaban tomando café en la gasolinera por dónde dejar el coche para ir a buscar al cliente al hall de la T2. Las indicaciones fueron claras y precisas y ellos super amables. Olé por los taxistas buenos de Madrid. Estaba con el cartelito esperando en tiempo y forma. 

Tenía que recoger a un ejecutivo turco-alemán de la empresa Man-filter. Esperaba a un señor mayor, trajeado, corbata o algún tipo de pañuelo o turbante... Me había preparado varias frases en inglés para iniciar la conversación pero, tras media hora de espera, se me presentó un chaval más joven que yo con pintas de reguetonero, chándal de Ralf Lauren y zapatillas. 

- Welcome to Spain, I'm Rafael Aibar, I'm your taxi driver, can I help you whit the bag?  - Le solté todo de golpe y le acompañe entre risas al coche. 

Al intentar abrir el maletero no se abría, ... bueno, a veces pasa, por lo que sea, pensé. No sé bien cómo pero se abrió. Las puertas del coche no se abrían, uf...que raro, que mala suerte. Saqué la llave física para abrirlo de forma manual mientras se me empezaban a pasar mil cosas por la cabeza, aunque ninguna era la acertada. 

Al intentar encender el coche, éste no respondía. Ansiedad, angustia, dolor de cabeza, parálisis, incredulidad, sudores fríos...en unos segundos se me había venido todo abajo: tenía al cliente pero no podía encender un coche eléctrico para llevarlo al destino

En esos momentos lo más difícil es mantener la cabeza fría para dar los pasos correctos. Se me pasaba por la cabeza perder el servicio, tener que buscarme la vida por algún taller... conseguir alejar los malos pensamientos es el primer paso para reaccionar. 

El segundo es pedir ayuda. Siempre es bueno tener una opinión externa, alejada del estrés de uno mismo. Contacté por WhatsApp con el grupo e taxistas que tenemos el mismo coche y enseguida me dieron un diagnóstico claro: es la batería pequeña al 100%

Estaba en una especie de apeadero que tienen delante de la parada de taxis y pregunté si tenía pinzas para arrancar al taxista que tenía delante. El compañero se portó de 10 contigo; no tenía pero me iba ofrecido soluciones.  Llamé a su compañía de radiotaxi pero no localizaban a nadie, rechacé otras posibilidades y por fin, localizó en Getafe a un compañero con pinzas. Era un compañero de los "grandes' de los que llevan vehículos de 8 plazas. En 15 minutos,  mientras intentaba calmarme y explicarle al cliente los pasos que daba, se presentó Ángel. ¡Olé por los taxistas buenos de Madrid! Llevaba un arrancador del tamaño de un datáfono con unas pinzas. Las puso y el coche ¡arrancó! 

Respiraba aliviado mientras me quitaba el sudor de la frente. Ángel tuvo el grandísimo gesto de altruismo y de grandeza de no pedirme nada. La verdad que reconforta mucho encontrarte con este tipo de gente cuando estás en apuros. No soy muy explendido en propinas y no sé si sería ajustado lo que le di, desde aquí de nuevo gracias y gracias también al compañero que me acompañó en todo momento. 

Tienen, tenemos una injustificada, y supongo que interesada mala fama, pero mi experiencia con ellos no puede ser mejor. Supongo que, como también pasa aquí, las nuevas generaciones arrastramos antiguas condenas por vicios que solamente nos quitaremos manteniendo siempre esta conducta. Ángel me explicaba que para ellos es lo normal, que siempre se ayudan y que estaban para lo que hiciera falta. Pero eso, por desgracia, no siempre es lo normal, ni entre compañeros. 

De vuelta, una pequeña parada en Calatayud para cargar, un pincho de tortilla y antes de las 4 dejaba al cliente en su destino. Justo el horario que le había dado entre risas camino al coche, gracias, sobretodo, a algunos taxistas buenos.



martes, 6 de enero de 2026

Control de policía

Dicen que días de mucho, vísperas de nada...y los días posteriores tampoco añadiría yo. 

La noche del viernes 3 de enero no se presentaba muy halagüeña en términos de trabajo y doy fe de que así era. 

Me costó mucho coger la primera carrera, una subasta en Las Fuentes. La calle era un tramo en un sentido, y otro en el otro, así que por no tardar más en llegar al servicio, que ya me llegó con retraso, decidí recorrer un tramo marcha atrás. 

En ese momento no lo sabía, pero ese detalle hizo que el cliente empatizara conmigo.

De aspecto rudo, grande, complexión fuerte, calvo con perilla y gabán de borreguillo hasta la rodilla.

Omitiré datos pero iba a un barrio a las afueras. Hasta mitad de camino no abrió la boca, y lo hizo para preguntar si había algún control de alcoholemia. 

- Hace poco me pararon a mí, iba hasta el culo y me fugué - me dijo. 

Antes de entrar en detalles, esto me recordó a lo que le pasó a José Manuel, un compañero con el que desayuno todos fines de semana. 

Un sábado, estando parado dejando a clientes, unos borrachos estamparon el coche contra él. No lo vieron, por suerte no hubo consecuencias personales aunque los daños en el coche fueron importantes. 

Al sábado siguiente, José Manuel, observó a unos borrachos cogiendo el coche y dio aviso a la policía. Enseguida los localizaron y les dieron el alto. 

No sé qué cable se debe pelar en ese momento para decidir emprender una huida. Seguramente uno que está al lado del que se pela cuando decides conducir borracho. Puente de los gitanos, calle Sevilla, paseo Ruiseñores en dirección contraria para acabar, rompiendo la valla, sumergido en el canal.

Al igual que éstos, mi cliente también salió en la prensa, me seguía contando mientras renegaba de la policía. Vio el control pasando el puente de Hierro y decidió echar marcha atrás y huir, hasta arriba de todo. Me acorralaron y me detuvieron a punta de pistola, me hicieron hicieron sentir como un criminal, me explicaba.

Desde aquí agradecer a las fuerzas y cuerpos de seguridad que nos quiten a estos tipejos de la circulación.

Cómo me dijo el cliente, que valga bien.





martes, 23 de diciembre de 2025

Próxima parada: estación Delicias

Y ahora sopla el viento, cuando el mar, quedó lejos hace tiempo

Dicen que Manolo García compuso estos versos del tema Pájaros de Barro al salir de la estación Delicias, en una de sus visitas a Zaragoza. Y es que, ¿quién no ha sido el famosillo que no ha escrito algo acerca de su experiencia en su paso por la estación?

Que sí, que hace frío en invierno, ya lo sabemos, pero joder, tampoco es para tanto. 

El pionero fue el gran Leo Harlem. Mucha gente piensa que es maño, por lo bien que nos retrata, por su nobleza y por lo majo que es. Leo decía que en la Estación Delicias se fábrica el frío y se exporta y que le pusieron ese nombre para despistar.

Nosotros, los taxistas, tenemos una relación amor-odio con la estación. Yo apenas voy, pero hay compañeros que prácticamente solo se alquilan ahí. 

Obviamente, es el principal caladero de clientes que hay en Zaragoza. 

Desde hace un tiempo nos cobran hasta por usar el baño. Imagino que la medida irá destinada a disuadir a las personas que hacen un mal uso, pero a los compañeros prostáticos les han hecho una faena. Entiendo que la medida habrá hecho que el servicio del taxi se resienta. Por otra parte, esas paradas son el epicentro de los mentideros de taxistas. Donde se producen los más intensos debates de la actualidad del gremio.

Para nosotros Leo, peor que el frío, es ponerse a esperar clientes al sol. 

En verano a partir de las 11 de la mañana se derriten las farolas, y sí, hay aire acondicionado, pero más de 10 minutos al sol no los aplaca. 

Recuerdo que cuando la estrenaron, un cliente oriental que iba con prisa y no sabía que estaba en funcionamiento, viendo que llevaban una ruta distinta a la que era a la antigua estación, golpeó a un compañero, haciéndole perder un ojo. Por favor, confiar en los taxistas, igual que Leo, somos gente noble. 

Termino por Manolo García, dedicado a los viajeros, en los mapas me pierdo, en las carreteras duermo.