viernes, 24 de abril de 2026

Todo lo que me hubiera gustado que me contaran

Ahora que ya tengo cierto bagaje, llevo desde el 2009 como taxista y aunque considero que con un año ya sabes todo que tienes que saber, el tiempo y la experiencia te dan otra perspectiva de cómo afrontar la profesión. 

Considero que con un año ya sabes todo de la profesión porque los primeros meses vas, como se dice coloquialmente, a saco. 

Empiezas con muchas deudas, quieres trabajar mucho, para saldar deudas y que te quede algo, aprender mucho, calles, atajos, donde salen los servicios buenos y como tratar a los clientes, a las operadoras de radiotaxi y a los compañeros. Todo eso en un año ya lo sabes, es más, con el tiempo hasta lo vas dejando un poco de lado. El otro día un compañero de 30 años de profesión me decía que se le están olvidando calles. 

Aquí hay muchas formas de trabajar y todas son válidas. Hay quien "solo" se alquila en la estación, el que solo sabe "trillar" (no para en ninguna parada) y todas pueden ser válidas. 

Recuerdo que con el primer taxista que hablé, me sacó una servilleta y me expuso todos los gastos que acarrea tener un taxi y todo lo que tenía que tener en cuenta.  Salí deprimido - ¡hasta los horarios de cierre de los bingos! 

A día de hoy no me sé ninguno, lo que demuestra que cada uno se puede buscar las habichuelas a su manera. Eso sí, lo que no sabes cuando empiezas, ni cuando llevas un año y lo aprendes con la experiencia porque nadie te lo dice es que lo más importante que uno tiene que saber para ser taxista es gestionar su tiempo. Saber establecer una raya que separa la linde  donde llega tu tiempo de trabajo, tu tiempo de ocio, tu tiempo de familia, tu tiempo de salud y deporte y tu tiempo de amigos y ocio. Si el trabajo es importante, el resto de ámbitos de la vida también lo son. Es en este aspecto donde he visto fracasar a más compañeros. 

Un día, un compañero me decía que aquí siempre hay que hacer una hora más. Los días que hay poca faena por completar el cajón. Y los días que hay mucha por aprovechar la demanda. 

Trabajar aquí es el único secreto, pero no es lo único, así que establecer un equilibrio entre laborar y descansar resulta básico. He visto compañeros chafar tres coches por, a mí juicio claro, falta de descanso.

También conocí a un mozo que lo dejó por querer ver crecer a sus hijos, y como no, no faltan ejemplos que no terminan bien por un exceso de ocio, exceso de vida alegre.

Lo que, a priori, puede parecer una ventaja, el hecho de que nosotros mismos nos marquemos nuestro propio horario, en muchos casos se convierte en un caramelo envenenado que los acaba matando. Ojo, no estoy diciendo que todo el mundo tenga que trabajar de siete a tres, hay quien trabaja de tres de la mañana a tres de la tarde y le va de lujo. 

Muchos clientes y mucha gente me preguntan sobre el trabajo de taxista, les diría que lo más importante es encontrar el punto de equilibrio donde puedas satisfacer todas las facetas de la vida.



lunes, 6 de abril de 2026

De mayor quiero ser taxista



Me encanta descubrir las reacciones de los niños cuando comentan que es su primer viaje en taxi. 

Tratan de asomar su cabeza sobre el habitáculo delantero, intentando descifrar para qué sirve cada pantalla, cada aparato, cada botón. Yo la verdad que no llevo gran cosa, pero hay compañeros que igual llevan cuatro pantallas, aparte de las del coche, más sus soportes, sus cables, el taximetro y otros cacharros. Vamos, una nave espacial, el parque de atracciones para un niño que sueña ser piloto de algo.  Todo eso más un volante es todo lo que necesitan para hacer volar su imaginación. 

A todo eso, le añadimos la cajita de monedas para dar los cambios. Una vez, un niño me comentó que de mayor quería ser taxista para tener una de esas.

A mí me ha traído hasta aquí el destino, supongo. Mi padre era taxista de pueblo, pero no tenía ningún cacharrito en el salpicadero, ni siquiera cajita con monedas. Manejaba un SEAT 131 motor perkins que se oía desde casa antes de que entrara al pueblo. 

El 131 era el modelo más usado por los taxistas a principios de los 80 debido a su amplitud, su robustez y su fiabilidad y, como no, a su precio. Se lo quitó por aburrimiento, porque nunca tuvo una avería importante.

Recuerdo perfectamente cuál fue mi primer viaje en taxi. Tendría unos 6 años, ocupaba la parte de atrás, viajaba sin cinturón y sin sillita homologada para mí altura y mi peso. El cliente era el señor Alejandro Tanco, un "pardinero" que vivía en una casa con granja en mitad del campo. Aquí se llamaban pardinas, en otros sitios se conocen como torres o como masías. El caso es que estaba a unos 6 km del pueblo, pero a mí me parecía todo un viaje. 

Alejandro, hablaba despacio y con una entonación particular. Bajaba al pueblo a hacer la compra para una temporada y se volvía a la pardina en taxi. Mi padre le contaba algún chascarrillo y entre broma y broma, una curva a la izquierda para coger una cuesta empinada de un camino empedrado antes de llegar a Vellaco, habíamos llegado al destino. 

En ese momento no lo sabía, pero igual que al niño con la cajita de los cambios, a mí, por dentro ya se me había encendido una luz de lo que quería ser de mayor: ¡taxista!