Hay partidos que se ganan sin bajarse del autobús, otros se ganan en el último minuto y otros que empiezas perdiendo antes de que ruede el balón. Eso es lo que le pasó al chico en esta historia.
Sábado, 7:30 de la mañana, ya hacía un rato que habían cerrado todas las discotecas y solamente quedaban por recogerse los más rezagados.
Me para una chica risueña en el Camino de las Torres esquina Cesáreo Alierta. Le acompañaban dos chicos y decide hacerles una broma: se sienta en el sillón del copiloto y me pide que avance unos metros para hacerles pensar que los dejan en tierra. Terminaron subiendo, aunque no les hizo gracia la broma. Me sorprendió lo pulcros y serenos que iban todos a esas horas de la madrugada. Al primero, el escudero "aguantavelas" lo dejamos en la Plaza Roma y se quedaron los protagonistas de esta historia.
Esta historia está llena de matices y entiendo que será distinta en función desde donde se enfoque: yo soy el taxista y aquí simplemente intento relatar lo que veo que pasa en el taxi.
Ella, enfermera recién titulada, vivía en una de las mejores urbanizaciones de Zaragoza todavía con sus padres. Se la veía muy contenta, había conocido a un chico por la noche, habían estado toda la noche juntos y se iban a casa compartiendo taxi.
Él, jugador del Real Zaragoza, había regresado al equipo en busca de relanzarlo con victorias que no terminaban de llegar. La noche, las mujeres y el alcohol habían truncado una gran carrera y esa noche ya había gastado el as de corazones en su ritual de seducción: la chica ya sabía de su condición de futbolista del Real Zaragoza, con eso no tenía suficiente y quería conocerlo más, se dejaba querer.
A él parecía que no le quedaban apenas cartas para usar en la conquista y no se esforzaba en buscar el gol. "Que callado estás" le dijo ella. "Es que no me das bola" contestaba con cierta soberbia utilizando un simíl futbolístico. La chica quería saber algo más de él. Él seguía en su empeño de conquistarla aunque no mostraba demasiado esfuerzo. Mientras ella planteaba partido, el quería que le dejaran el balón para empujar a puerta vacía.
Como en el fútbol, no siempre hay victoria con gol en el último minuto.
La temporada del Zaragoza pintaba desastrosa y esta historia tampoco iba a acabar bien para él. Axel Torres explica en un libro de fútbol que lo normal es perder, que hasta los equipos que más veces han ganado, han perdido muchas más veces de las que han vencido y que esto se puede aplicar también al resto de deportes y yo añadiría también, sin querer ser derrotista, a otros aspectos de la vida.
En las noches zaragozanas de conquistas, las noches en las que se vuelve de vacío ganan por goleada y se confirma la teoría: lo normal es perder, y a veces también, aunque tengas el as de corazones.
Sin embargo, ella tiró de orgullo: "Se cree que sólo por ser futbolista me voy a ir con él" me dijo. La derrota es la cruz en una moneda. La cara se la llevó ella, y bien alta.

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