miércoles, 9 de septiembre de 2026

Mari Tere

Iba buscando la última carrera antes de un fin de semana largo festivo. 

Ya iba con la cabeza en otra cosa cuando me paro una señora de unos 70 años por Vía Hispanidad, justo en frente de la clínica Montpellier. Iba muy angustiada, desorientada, agobiada...

- ¡Ay! Que no se donde estoy... lléveme a la clínica Quirón Universitaria que está por aquí me han dicho pero no sé dónde está.

Le entendí a la primera, aunque ella insistía en  darme explicaciones. Cuánto más lo explicaba, más lo enredaba. Lo único que no me encajaba eran sus prisas porque a esas horas ya no pasan consultas, así que entendí que iría de visita y centré mis esfuerzos más en calmarla que en explicarle la ruta. 

- Tranquila señora que enseguida llegamos, le decía mientras salía de Gómez Laguna para coger Marcelino Álvarez. 

Pero ahí la señora colapsó.

- ¡Me han dicho que estaba al lado y te acabas de pasar la Quirón! ¡Me bajo aquí mismo!

No daba a basto para explicarle que había otra Quirón más adelante, que esa de la Floresta, solo es para algunas consultas, que la nueva le pillaba muy cerca en línea recta del punto de partida, pero que el trayecto en coche nos obliga a pasar por la puerta de la antigua Quirón y todo eso a la vez que estoy conduciendo y la estoy escuchando todos sus problemas e intentando tranquilizar, cuando vi que en plena rotonda echaba mano a la maneta para abrir la puerta.

- ¡A ver! ! Qué está ahí,  tuve que subir el tono de voz para que, por lo menos no se me bajará en marcha. En ese momento la señora se derrumbó. 

- Estoy muy perdida, no sé donde estoy. Me han dicho que estaba al lado y me está dando mucha vuelta. 

En lo que intentaba tranquilizarla llegamos a la puerta.

 - Mire es aquí, yo le voy a esperar aquí, pregunte en recepción y si no es la llevo a donde sea, pero estoy seguro de que es aquí. 

 - Vale pero primero te pago. 

Me dio un billete de 10 € para pagarme una carrera de poco más de 5 y, esas cosas que nos pasan a veces a los taxistas, justo en ese momento no llevaba cambios, ¡de nada!

- No se preocupe que se lo perdono, o si quiere se lo puede pagar otro día a un compañero que le hago recibo y solucionado.

- Faltaría más, esto se lo pago ahora mismo que se ha portado muy bien conmigo.

Un giro de guión inesperado para mí en ese momento. La mujer seguía desorientada, agobiada, pero había recuperado la dignidad. 

Le dejé una tarjeta de visita para que me pidiera localizar. 

Había entrado para hablar en recepción y preguntar si era su destino correcto, y en esas que me suena el móvil:

 - Soy Mari Tere, tú clienta de la Quirón, estoy en la puerta, ¿donde estás? 

- En la puerta donde la he dejado estoy yo y no la veo.

Giro la cabeza y la veo saliendo de la zona de ingresos dando voces. La recojo y le pregunto si era aquí donde venía. 

- Que no lo se, que no lo sé, he entrado a por cambios para pagarte y mañana te daré cerezas que tiene mi hijo del pueblo. 

No salía de mi asombro, hacía 2 minutos casi se me tira del coche en marcha y ahora me estaba dando cerezas. Obviamente su destino era ese. Entiendo que la señora se sintió aliviada y agradecida. 

Muchas veces a los taxistas nos toca hacer una doble función, y además de taxistas, sin querer hacer intrusismo laboral, nos toca hacer de psicólogos, cumpliendo esa función de escuchar, atender, tranquilizar, dejar que los clientes se desahoguen con nosotros. No sabemos por qué circunstancias puede estar pasando en un momento dado un cliente que decide desahogarse con nosotros, pero sabemos escuchar y sabemos llevarle a su destino.


A los pocos días me llamó Mari Tere para darme una caja de cerezas y alberges de Ricla absolutamente extraordinarios.