lunes, 2 de noviembre de 2026

Ana, de OT

Una noche de septiembre, 6 am, estaba libre en el semáforo de Echegaray y Caballero con César Augusto cuando un taxi libre se salta el semáforo de los que se incorporan desde el Puente de Santiago y se pone delante de mi.

El aire de la calle de Delincuentes, sonaba a todo volumen. La música crea estados de ánimo y consiguió que no me afectara esa fechoría por parte del compañero. 

Por suerte para mí, y seguramente motivado por su mala conciencia, dejó escapar a unos clientes que estaban levantando la mano detrás del Pilar, al lado de otro taxi. 

Tres chavales jóvenes, me piden llevarlos al hotel Reina Petronila. 

Algo no me cuadraba. Está fatal prejuzgar a la gente por su aspecto. Un chaval llevaba camiseta blanca de tirantes, pantalones anchos y bigotillo guarro. Otra el pelo corto azul y muchos pendientes y tatuajes. 

Creo que los que exponen tanto realmente esconden más de lo que muestran, eso, y que de alguna manera tenían que hacerse destacar al lado de Ana. 

Ana vestía normal, elegante. Era de esas personas con aura, de las que todo les queda bien, de las que pasean con naturalidad un abanico de virtudes, de las que le sonríen a la vida y la vida les sonríe. Es normal que se vaya a comer el mundo.

La canción de Delincuentes creaba un ambiente cómodo y distendido para ellos. Todo bien decían mientras cantaban. Le siguió Veneno en la piel 

- Esta la lleva mi madre de politono- comentaba el de tirantes. 

Me dejó anonadado lo bien que cantaban, sobretodo Ana, pero las pintas que llevaban no correspondían con su destino, así que les pregunté: 

-¿Sois cantantes o algo? Si, soy la ganadora de OT, dijo Ana. Ana Guerra. 

Esa noche habían llenado el Príncipe Felipe en un concierto. Acabó Radio Futura y les enseñé lo que venía en la play-list: Manolo García, Calamaro, Extremoduro... por lo que sea el algoritmo no me saca de mis clásicos. 

No les molaba ninguno así que dejé que Ana eligiera su canción: Desátame de Mónica Naranjo. Subir Gran Vía y Fernando el Católico a 80km/h a grito pelao, con toda calle llena de gente y con esas voces detrás cantando, era, aparte de delictivo y peligroso, toda una cascada de emociones.

Como digo, la música crea estados de ánimo y aquello era paseo por las estrellas con el viento en la cara.

Les prometí que saldrían en este libro, pero se me pasó hacernos el selfie y pedirles el Instagram o el correo, más que nada para  llevar a Ana hasta la alfombra roja cuando gane los premios.


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