sábado, 8 de agosto de 2026

Feedback



La interacción con el cliente es el 80% de este trabajo. Cómo se desarrolla el trato con el cliente es clave para que éste perciba un buen servicio y vuelva a confiar en nosotros.

El detalle por ejemplo, de parar el taxímetro si, por algún casual nos colamos, hace que el cliente perciba como un detalle generoso, lo que en realidad es un error en la ejecución del trabajo. 

Me pasó hace poco que me confundí en una calle de Valdefierro y la clienta me dio hasta propina. 

Y es que, los taxistas no nos sabemos todas calles, nos sabemos muchísimas, la mayoría, pero alguna nos baila, y aprendemos todos los días, tanto calles como sabiduría popular, la universidad de la calle, todos los días hay algún cliente que nos deja alguna perla. 

Un día de calor, todo el mundo hablando del calor: ¡qué calor! - si, que calor todo el mundo. 

Estoy harto del calor y de que todo el mundo hable de que hace calor. Un cliente, supongo que al ver mi cara tras su comentario acerca del calor, me comentó que en Japón era de mala educación hablar del tiempo en estas socorridas conversaciones de ascensor. Viva Japón y la cultura de Japón.

Otro cliente, un día que debía de llevar algo de estrés acumulado, me comentó que había sido taxista y me dejó una frase que intentó aplicarme la todos los días: hay que ser flexible como el bambú, resistente como el junco y paciente como la montaña.

Aunque esto del feedback no siempre trae cosas buenas y hay que saber separar el grano de la paja. 

He vivido varios años en la calle Daroca, conozco al dedillo ese entramado de calles, un día una clienta me pide llevarla a la calle Bélgica y me dice el recorrido que debo llevar. Le explicó que hay otro más corto, pero se niega porque ella va siempre por su camino. Son muchas veces que me he llevado reproches por parte del cliente por elegir el camino más corto y no ser percibido de esa manera, así que decidí  hacerle caso y de esa manera dejar al cliente satisfecho.

Otro día, mejor dicho, otra noche, me levantaron la mano varios clientes que salían de la discoteca Babia y decidí recoger a los que estaban primero, al segundo, que llevaba algún trago de más, le sentó mal que no lo cogiera a él y golpeó el coche al pasar por su lado. Al oír el ruido paré para comprobar que estaba todo en orden, pero no contaba que uno de mis clientes, rumano, portero de discoteca iba a bajar del coche a pedirle explicaciones y soltarle un guantazo con la mano abierta que le iba a tirar al suelo como un despojo. Obviamente me había sentado mal que golpeara el coche pero creo que no justifica semejante ostión que le diO. Estoy completamente en contra de la violencia, pero era mi cliente y no le iba a reprochar la conducta.

En la universidad de la calle, por la cuenta que nos trae, los taxistas aprobamos con matrícula.

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