miércoles, 9 de septiembre de 2026

Mari Tere

Iba buscando la última carrera antes de un fin de semana largo festivo. 

Ya iba con la cabeza en otra cosa cuando me paro una señora de unos 70 años por Vía Hispanidad, justo en frente de la clínica Montpellier. Iba muy angustiada, desorientada, agobiada...

- ¡Ay! Que no se donde estoy... lléveme a la clínica Quirón Universitaria que está por aquí me han dicho pero no sé dónde está.

Le entendí a la primera, aunque ella insistía en  darme explicaciones. Cuánto más lo explicaba, más lo enredaba. Lo único que no me encajaba eran sus prisas porque a esas horas ya no pasan consultas, así que entendí que iría de visita y centré mis esfuerzos más en calmarla que en explicarle la ruta. 

- Tranquila señora que enseguida llegamos, le decía mientras salía de Gómez Laguna para coger Marcelino Álvarez. 

Pero ahí la señora colapsó.

- ¡Me han dicho que estaba al lado y te acabas de pasar la Quirón! ¡Me bajo aquí mismo!

No daba a basto para explicarle que había otra Quirón más adelante, que esa de la Floresta, solo es para algunas consultas, que la nueva le pillaba muy cerca en línea recta del punto de partida, pero que el trayecto en coche nos obliga a pasar por la puerta de la antigua Quirón y todo eso a la vez que estoy conduciendo y la estoy escuchando todos sus problemas e intentando tranquilizar, cuando vi que en plena rotonda echaba mano a la maneta para abrir la puerta.

- ¡A ver! ! Qué está ahí,  tuve que subir el tono de voz para que, por lo menos no se me bajará en marcha. En ese momento la señora se derrumbó. 

- Estoy muy perdida, no sé donde estoy. Me han dicho que estaba al lado y me está dando mucha vuelta. 

En lo que intentaba tranquilizarla llegamos a la puerta.

 - Mire es aquí, yo le voy a esperar aquí, pregunte en recepción y si no es la llevo a donde sea, pero estoy seguro de que es aquí. 

 - Vale pero primero te pago. 

Me dio un billete de 10 € para pagarme una carrera de poco más de 5 y, esas cosas que nos pasan a veces a los taxistas, justo en ese momento no llevaba cambios, ¡de nada!

- No se preocupe que se lo perdono, o si quiere se lo puede pagar otro día a un compañero que le hago recibo y solucionado.

- Faltaría más, esto se lo pago ahora mismo que se ha portado muy bien conmigo.

Un giro de guión inesperado para mí en ese momento. La mujer seguía desorientada, agobiada, pero había recuperado la dignidad. 

Le dejé una tarjeta de visita para que me pidiera localizar. 

Había entrado para hablar en recepción y preguntar si era su destino correcto, y en esas que me suena el móvil:

 - Soy Mari Tere, tú clienta de la Quirón, estoy en la puerta, ¿donde estás? 

- En la puerta donde la he dejado estoy yo y no la veo.

Giro la cabeza y la veo saliendo de la zona de ingresos dando voces. La recojo y le pregunto si era aquí donde venía. 

- Que no lo se, que no lo sé, he entrado a por cambios para pagarte y mañana te daré cerezas que tiene mi hijo del pueblo. 

No salía de mi asombro, hacía 2 minutos casi se me tira del coche en marcha y ahora me estaba dando cerezas. Obviamente su destino era ese. Entiendo que la señora se sintió aliviada y agradecida. 

Muchas veces a los taxistas nos toca hacer una doble función, y además de taxistas, sin querer hacer intrusismo laboral, nos toca hacer de psicólogos, cumpliendo esa función de escuchar, atender, tranquilizar, dejar que los clientes se desahoguen con nosotros. No sabemos por qué circunstancias puede estar pasando en un momento dado un cliente que decide desahogarse con nosotros, pero sabemos escuchar y sabemos llevarle a su destino.


A los pocos días me llamó Mari Tere para darme una caja de cerezas y alberges de Ricla absolutamente extraordinarios.

sábado, 8 de agosto de 2026

Feedback



La interacción con el cliente es el 80% de este trabajo. Cómo se desarrolla el trato con el cliente es clave para que éste perciba un buen servicio y vuelva a confiar en nosotros.

El detalle por ejemplo, de parar el taxímetro si, por algún casual nos colamos, hace que el cliente perciba como un detalle generoso, lo que en realidad es un error en la ejecución del trabajo. 

Me pasó hace poco que me confundí en una calle de Valdefierro y la clienta me dio hasta propina. 

Y es que, los taxistas no nos sabemos todas calles, nos sabemos muchísimas, la mayoría, pero alguna nos baila, y aprendemos todos los días, tanto calles como sabiduría popular, la universidad de la calle, todos los días hay algún cliente que nos deja alguna perla. 

Un día de calor, todo el mundo hablando del calor: ¡qué calor! - si, que calor todo el mundo. 

Estoy harto del calor y de que todo el mundo hable de que hace calor. Un cliente, supongo que al ver mi cara tras su comentario acerca del calor, me comentó que en Japón era de mala educación hablar del tiempo en estas socorridas conversaciones de ascensor. Viva Japón y la cultura de Japón.

Otro cliente, un día que debía de llevar algo de estrés acumulado, me comentó que había sido taxista y me dejó una frase que intentó aplicarme la todos los días: hay que ser flexible como el bambú, resistente como el junco y paciente como la montaña.

Aunque esto del feedback no siempre trae cosas buenas y hay que saber separar el grano de la paja. 

He vivido varios años en la calle Daroca, conozco al dedillo ese entramado de calles, un día una clienta me pide llevarla a la calle Bélgica y me dice el recorrido que debo llevar. Le explicó que hay otro más corto, pero se niega porque ella va siempre por su camino. Son muchas veces que me he llevado reproches por parte del cliente por elegir el camino más corto y no ser percibido de esa manera, así que decidí  hacerle caso y de esa manera dejar al cliente satisfecho.

Otro día, mejor dicho, otra noche, me levantaron la mano varios clientes que salían de la discoteca Babia y decidí recoger a los que estaban primero, al segundo, que llevaba algún trago de más, le sentó mal que no lo cogiera a él y golpeó el coche al pasar por su lado. Al oír el ruido paré para comprobar que estaba todo en orden, pero no contaba que uno de mis clientes, rumano, portero de discoteca iba a bajar del coche a pedirle explicaciones y soltarle un guantazo con la mano abierta que le iba a tirar al suelo como un despojo. Obviamente me había sentado mal que golpeara el coche pero creo que no justifica semejante ostión que le diO. Estoy completamente en contra de la violencia, pero era mi cliente y no le iba a reprochar la conducta.

En la universidad de la calle, por la cuenta que nos trae, los taxistas aprobamos con matrícula.

lunes, 13 de julio de 2026

Palencia

España hacía su debut en el mundial 2026. No fue un servicio sino una avería lo que me trajo a Palencia.

Tras hacer un estudio de mercado sobre los posibles talleres que me podían  arreglar este tipo de avería, descartando la propia casa Kia, que no repara, sino sustituye todo el conjunto por 10.000 euros y otros talleres nacionales por diferentes motivos, entendí que la mejor opción era venir a Palencia.

Ancha es Castilla. Se pierde la vista en el horizonte viendo campos de cereal en la meseta castellana salpicados por alguna carrasca antes de llegar a Palencia, y en Palencia un Cristo en lo alto de un cerro domina el paisaje. Es el tercero más grande del mundo; una calle Mayor bellísima, apenas hay 4 franquicias, sigue conservando su personalidad, y un ritmo muy lento, donde el tiempo pasa cadencioso y sin pensar no es Soria, es Palencia.  Un paseo por el río Carrión  antes de desembocar en el Pisuerga, con cada caña una tapa y un taller claro. Autocentro

No venía muy convencido porque el diálogo que tuve con ellos en la llamada fue de 20 segundos, lo que me costó decir avería coche eléctrico y me dieron cita. 

Al llegar lo entendí todo, después de tomarme los datos, se montaron en el coche para comprobar el ruido y me explicaron que tuvieron un primer cliente, un cliente habitual que les vino con la avería y se molestaron en abrir la caja, estudiarlo y ver si tenía solución. Es una especie de caja de transmisión y son unos rodamientos y unos engranajes los que dan el problema.

No solo no lo arreglan sino que lo mejoran. Lo que vienen siendo mecánicos, no cambia piezas. Donde otros no pasan de cambiar culatas que no duran un mes, esta gente ha puesto Palencia en el mapa entendido la mecánica del coche eléctrico, un taller de toda la vida, utilizando la astucia  y aplicando conocimientos y ganas. Recibe clientes de toda España, la mayoría taxis. Antes que el mío, arreglaron el Kia de un compañero de Jerez. 



En otros países la necesidad agudiza el ingenio y si no tienen una pieza se la inventan. Aquí no ha sido la necesidad, más bien creo que una mezcla de orgullo, pasión por el trabajo, profesionalidad y vocación de servicio lo que les llevó a abrir este nicho de mercado. Atienden al teléfono y te explican personalmente el proceso de reparación, el tiempo y el coste. Algo tan sencillo como esto resulta muy difícil de encontrar.

Me lo terminaron antes de lo acordado y me dejaron llena la carga de la batería. Nunca tuve a Palencia como un destino al que visitar, pero la experiencia me deja un gran sabor de boca, muy recomendable el taller, Autocentro y la ciudad.

domingo, 10 de mayo de 2026

Lo normal es peder

Hay partidos que se ganan sin bajarse del autobús, otros se ganan en el último minuto y otros que empiezas perdiendo antes de que ruede el balón. Eso es lo que le pasó al chico en esta historia.

Sábado, 7:30 de la mañana, ya hacía un rato que habían cerrado todas las discotecas y solamente quedaban por recogerse los más rezagados. 

Me para una chica risueña en el Camino de las Torres esquina Cesáreo Alierta. Le acompañaban dos chicos y decide hacerles una broma: se sienta en el sillón del copiloto y me pide que avance unos metros para hacerles pensar que los dejan en tierra. Terminaron subiendo, aunque no les hizo gracia la broma. Me sorprendió lo pulcros y serenos que iban todos a esas horas de la madrugada. Al primero, el escudero "aguantavelas" lo dejamos en la Plaza Roma y se quedaron los protagonistas de esta historia. 

Esta historia está llena de matices y entiendo que será distinta en función desde donde se enfoque: yo soy el taxista y aquí simplemente intento relatar lo que veo que pasa en el taxi.

Ella, enfermera recién titulada, vivía en una de las mejores urbanizaciones de Zaragoza todavía con sus padres. Se la veía muy contenta, había conocido a un chico por la noche, habían estado toda la noche juntos y se iban a casa compartiendo taxi.

Él, jugador del Real Zaragoza, había regresado al equipo en busca de relanzarlo con victorias que no terminaban de  llegar. La noche, las mujeres y el alcohol habían truncado una gran carrera y esa noche ya había gastado el as de corazones en su ritual de seducción: la chica ya sabía de su condición de futbolista del Real Zaragoza, con eso no tenía suficiente y quería conocerlo más, se dejaba querer. 

A él parecía que no le quedaban apenas cartas para usar en la conquista y no se esforzaba en buscar el gol.  "Que callado estás" le dijo ella. "Es que no me das bola" contestaba con cierta soberbia utilizando un simíl futbolístico. La chica  quería saber algo más de él. Él seguía en su empeño de conquistarla aunque no mostraba demasiado esfuerzo. Mientras ella planteaba partido, el quería que le dejaran el balón para empujar a puerta vacía.

Como en el fútbol, no siempre hay victoria con gol en el último minuto. 

La temporada del Zaragoza pintaba desastrosa y esta historia tampoco iba a acabar bien para él. Axel Torres explica en un libro de fútbol que lo normal es perder, que hasta los equipos que más veces han ganado, han perdido muchas más veces de las que han vencido y que esto se puede aplicar también al resto de deportes y yo añadiría también, sin querer ser derrotista, a otros aspectos de la vida. 

En las noches zaragozanas de conquistas, las noches en las que se vuelve de vacío ganan por goleada y se confirma la teoría: lo normal es perder, y a veces también, aunque tengas el as de corazones. 

Sin embargo, ella tiró de orgullo: "Se cree que sólo por ser futbolista me voy a ir con él" me dijo. La derrota es la cruz en una moneda. La cara se la llevó ella, y bien alta.


martes, 5 de mayo de 2026

Lo nunca visto

Son muchos años de profesión y, como lo vengo comentando, aquí, a los pedales y al volante, he visto de todo y de todos colores.

He visto construir torres más altas que las torres del Pilar, he visto construir barrios enteros, polígonos, cinturones. He visto coches salirse y dar vueltas de campana por la autopista camino del aeropuerto. He visto aparecer aplicaciones y desaparecer radiotaxis. He visto a drogadictos golpearse la cabeza contra señales al ser requeridos por la policía y tras eso soltar un puñetazo al agente y desplomarse por golpear la señal en lugar de al agente. He visto gente esquivar machetazos en la puerta de una discoteca. He visto policías perdonarme multas. He visto trenes llegar a su hora. He visto dos.

Reyes, cuatro Presidentes, cuatro Papas...pero lo que nunca he visto ha sido a un taxista perder en una discusión de tráfico, nunca. 

Señoras y señores taxistas de Zaragoza y de todo el mundo: no hay que bajar la guardia ni un ápice. Por más evidente que sea el rodeo que, por algún descuido súbito, estuviéramos haciendo, siempre se pueden alegar unas obras, una cabalgata o una manifestación que justifique nuestro error, pero un taxista nunca puede perder en una discusión de tráfico, o de algún trayecto, o de cualquier circunstancia derivada del ejercicio de nuestra profesión, bajo ningún concepto. Nuestro prestigio y nuestra reputación están en juego. Se podrá confundir el cliente, el guardia, el cuñado, el mapa, el GPS, pero un taxista nunca. Es algo que, por lo menos yo, nunca he visto.

viernes, 24 de abril de 2026

Todo lo que me hubiera gustado que me contaran

Ahora que ya tengo cierto bagaje, llevo desde el 2009 como taxista y aunque considero que con un año ya sabes todo que tienes que saber, el tiempo y la experiencia te dan otra perspectiva de cómo afrontar la profesión. 

Considero que con un año ya sabes todo de la profesión porque los primeros meses vas, como se dice coloquialmente, a saco. 

Empiezas con muchas deudas, quieres trabajar mucho, para saldar deudas y que te quede algo, aprender mucho, calles, atajos, donde salen los servicios buenos y como tratar a los clientes, a las operadoras de radiotaxi y a los compañeros. Todo eso en un año ya lo sabes, es más, con el tiempo hasta lo vas dejando un poco de lado. El otro día un compañero de 30 años de profesión me decía que se le están olvidando calles. 

Aquí hay muchas formas de trabajar y todas son válidas. Hay quien "solo" se alquila en la estación, el que solo sabe "trillar" (no para en ninguna parada) y todas pueden ser válidas. 

Recuerdo que con el primer taxista que hablé, me sacó una servilleta y me expuso todos los gastos que acarrea tener un taxi y todo lo que tenía que tener en cuenta.  Salí deprimido - ¡hasta los horarios de cierre de los bingos! 

A día de hoy no me sé ninguno, lo que demuestra que cada uno se puede buscar las habichuelas a su manera. Eso sí, lo que no sabes cuando empiezas, ni cuando llevas un año y lo aprendes con la experiencia porque nadie te lo dice es que lo más importante que uno tiene que saber para ser taxista es gestionar su tiempo. Saber establecer una raya que separa la linde  donde llega tu tiempo de trabajo, tu tiempo de ocio, tu tiempo de familia, tu tiempo de salud y deporte y tu tiempo de amigos y ocio. Si el trabajo es importante, el resto de ámbitos de la vida también lo son. Es en este aspecto donde he visto fracasar a más compañeros. 

Un día, un compañero me decía que aquí siempre hay que hacer una hora más. Los días que hay poca faena por completar el cajón. Y los días que hay mucha por aprovechar la demanda. 

Trabajar aquí es el único secreto, pero no es lo único, así que establecer un equilibrio entre laborar y descansar resulta básico. He visto compañeros chafar tres coches por, a mí juicio claro, falta de descanso.

También conocí a un mozo que lo dejó por querer ver crecer a sus hijos, y como no, no faltan ejemplos que no terminan bien por un exceso de ocio, exceso de vida alegre.

Lo que, a priori, puede parecer una ventaja, el hecho de que nosotros mismos nos marquemos nuestro propio horario, en muchos casos se convierte en un caramelo envenenado que los acaba matando. Ojo, no estoy diciendo que todo el mundo tenga que trabajar de siete a tres, hay quien trabaja de tres de la mañana a tres de la tarde y le va de lujo. 

Muchos clientes y mucha gente me preguntan sobre el trabajo de taxista, les diría que lo más importante es encontrar el punto de equilibrio donde puedas satisfacer todas las facetas de la vida.



lunes, 6 de abril de 2026

De mayor quiero ser taxista



Me encanta descubrir las reacciones de los niños cuando comentan que es su primer viaje en taxi. 

Tratan de asomar su cabeza sobre el habitáculo delantero, intentando descifrar para qué sirve cada pantalla, cada aparato, cada botón. Yo la verdad que no llevo gran cosa, pero hay compañeros que igual llevan cuatro pantallas, aparte de las del coche, más sus soportes, sus cables, el taximetro y otros cacharros. Vamos, una nave espacial, el parque de atracciones para un niño que sueña ser piloto de algo.  Todo eso más un volante es todo lo que necesitan para hacer volar su imaginación. 

A todo eso, le añadimos la cajita de monedas para dar los cambios. Una vez, un niño me comentó que de mayor quería ser taxista para tener una de esas.

A mí me ha traído hasta aquí el destino, supongo. Mi padre era taxista de pueblo, pero no tenía ningún cacharrito en el salpicadero, ni siquiera cajita con monedas. Manejaba un SEAT 131 motor perkins que se oía desde casa antes de que entrara al pueblo. 

El 131 era el modelo más usado por los taxistas a principios de los 80 debido a su amplitud, su robustez y su fiabilidad y, como no, a su precio. Se lo quitó por aburrimiento, porque nunca tuvo una avería importante.

Recuerdo perfectamente cuál fue mi primer viaje en taxi. Tendría unos 6 años, ocupaba la parte de atrás, viajaba sin cinturón y sin sillita homologada para mí altura y mi peso. El cliente era el señor Alejandro Tanco, un "pardinero" que vivía en una casa con granja en mitad del campo. Aquí se llamaban pardinas, en otros sitios se conocen como torres o como masías. El caso es que estaba a unos 6 km del pueblo, pero a mí me parecía todo un viaje. 

Alejandro, hablaba despacio y con una entonación particular. Bajaba al pueblo a hacer la compra para una temporada y se volvía a la pardina en taxi. Mi padre le contaba algún chascarrillo y entre broma y broma, una curva a la izquierda para coger una cuesta empinada de un camino empedrado antes de llegar a Vellaco, habíamos llegado al destino. 

En ese momento no lo sabía, pero igual que al niño con la cajita de los cambios, a mí, por dentro ya se me había encendido una luz de lo que quería ser de mayor: ¡taxista!

sábado, 14 de marzo de 2026

Algunos taxistas buenos

Me llamaron el día de antes desde la emisora para hacer  un servicio de largo recorrido: ir a recoger a un cliente al aeropuerto de Barajas

Había rechazado varios servicios de carretera en los días anteriores por no estar seguro de poder realizarlos con la carga de batería del coche, pero en este servicio me podía organizar bien. Era recoger en Madrid a las 11:10. Este tipo de servicios los asignan por lista al último clasificado, de manera que se asciende en la lista a razón del número de kilómetros recorridos por el servicio.

Me planifiqué minuciosamente el timing para llegar a tiempo a recoger con el máximo de carga en la batería. Llevaba casi una hora de margen en previsión que pudiera surgir algún imprevisto. En invierno, en las provincias de Soria y Guadalajara, por la mañana hace mucho frío, y eso la batería lo resiente. 

Hice una carga de hasta el 80% a la altura de Sigüenza. A partir de ahí bajó mucho la media de consumo (tráfico, temperatura...) Tenía previsto hacer otra carga en las inmediaciones del aeropuerto para dejar la batería a tope y tener que parar el menor tiempo posible de vuelta con el cliente. Después de una búsqueda fracasada haciendo caso de las indicaciones de cargadores que hace el coche y las app del móvil, un golpe de suerte me presentó una gasolinera de Repsol con un cargador libre a 200 metros de la T2, lugar donde tenía que recoger al cliente. Mi plan, en ese momento, había salido perfecto. 

Pregunté a unos taxistas de Madrid que estaban tomando café en la gasolinera por dónde dejar el coche para ir a buscar al cliente al hall de la T2. Las indicaciones fueron claras y precisas y ellos super amables. Olé por los taxistas buenos de Madrid. Estaba con el cartelito esperando en tiempo y forma. 

Tenía que recoger a un ejecutivo turco-alemán de la empresa Man-filter. Esperaba a un señor mayor, trajeado, corbata o algún tipo de pañuelo o turbante... Me había preparado varias frases en inglés para iniciar la conversación pero, tras media hora de espera, se me presentó un chaval más joven que yo con pintas de reguetonero, chándal de Ralf Lauren y zapatillas. 

- Welcome to Spain, I'm Rafael Aibar, I'm your taxi driver, can I help you whit the bag?  - Le solté todo de golpe y le acompañe entre risas al coche. 

Al intentar abrir el maletero no se abría, ... bueno, a veces pasa, por lo que sea, pensé. No sé bien cómo pero se abrió. Las puertas del coche no se abrían, uf...que raro, que mala suerte. Saqué la llave física para abrirlo de forma manual mientras se me empezaban a pasar mil cosas por la cabeza, aunque ninguna era la acertada. 

Al intentar encender el coche, éste no respondía. Ansiedad, angustia, dolor de cabeza, parálisis, incredulidad, sudores fríos...en unos segundos se me había venido todo abajo: tenía al cliente pero no podía encender un coche eléctrico para llevarlo al destino

En esos momentos lo más difícil es mantener la cabeza fría para dar los pasos correctos. Se me pasaba por la cabeza perder el servicio, tener que buscarme la vida por algún taller... conseguir alejar los malos pensamientos es el primer paso para reaccionar. 

El segundo es pedir ayuda. Siempre es bueno tener una opinión externa, alejada del estrés de uno mismo. Contacté por WhatsApp con el grupo e taxistas que tenemos el mismo coche y enseguida me dieron un diagnóstico claro: es la batería pequeña al 100%

Estaba en una especie de apeadero que tienen delante de la parada de taxis y pregunté si tenía pinzas para arrancar al taxista que tenía delante. El compañero se portó de 10 contigo; no tenía pero me iba ofrecido soluciones.  Llamé a su compañía de radiotaxi pero no localizaban a nadie, rechacé otras posibilidades y por fin, localizó en Getafe a un compañero con pinzas. Era un compañero de los "grandes' de los que llevan vehículos de 8 plazas. En 15 minutos,  mientras intentaba calmarme y explicarle al cliente los pasos que daba, se presentó Ángel. ¡Olé por los taxistas buenos de Madrid! Llevaba un arrancador del tamaño de un datáfono con unas pinzas. Las puso y el coche ¡arrancó! 

Respiraba aliviado mientras me quitaba el sudor de la frente. Ángel tuvo el grandísimo gesto de altruismo y de grandeza de no pedirme nada. La verdad que reconforta mucho encontrarte con este tipo de gente cuando estás en apuros. No soy muy explendido en propinas y no sé si sería ajustado lo que le di, desde aquí de nuevo gracias y gracias también al compañero que me acompañó en todo momento. 

Tienen, tenemos una injustificada, y supongo que interesada mala fama, pero mi experiencia con ellos no puede ser mejor. Supongo que, como también pasa aquí, las nuevas generaciones arrastramos antiguas condenas por vicios que solamente nos quitaremos manteniendo siempre esta conducta. Ángel me explicaba que para ellos es lo normal, que siempre se ayudan y que estaban para lo que hiciera falta. Pero eso, por desgracia, no siempre es lo normal, ni entre compañeros. 

De vuelta, una pequeña parada en Calatayud para cargar, un pincho de tortilla y antes de las 4 dejaba al cliente en su destino. Justo el horario que le había dado entre risas camino al coche, gracias, sobretodo, a algunos taxistas buenos.



martes, 6 de enero de 2026

Control de policía

Dicen que días de mucho, vísperas de nada...y los días posteriores tampoco añadiría yo. 

La noche del viernes 3 de enero no se presentaba muy halagüeña en términos de trabajo y doy fe de que así era. 

Me costó mucho coger la primera carrera, una subasta en Las Fuentes. La calle era un tramo en un sentido, y otro en el otro, así que por no tardar más en llegar al servicio, que ya me llegó con retraso, decidí recorrer un tramo marcha atrás. 

En ese momento no lo sabía, pero ese detalle hizo que el cliente empatizara conmigo.

De aspecto rudo, grande, complexión fuerte, calvo con perilla y gabán de borreguillo hasta la rodilla.

Omitiré datos pero iba a un barrio a las afueras. Hasta mitad de camino no abrió la boca, y lo hizo para preguntar si había algún control de alcoholemia. 

- Hace poco me pararon a mí, iba hasta el culo y me fugué - me dijo. 

Antes de entrar en detalles, esto me recordó a lo que le pasó a José Manuel, un compañero con el que desayuno todos fines de semana. 

Un sábado, estando parado dejando a clientes, unos borrachos estamparon el coche contra él. No lo vieron, por suerte no hubo consecuencias personales aunque los daños en el coche fueron importantes. 

Al sábado siguiente, José Manuel, observó a unos borrachos cogiendo el coche y dio aviso a la policía. Enseguida los localizaron y les dieron el alto. 

No sé qué cable se debe pelar en ese momento para decidir emprender una huida. Seguramente uno que está al lado del que se pela cuando decides conducir borracho. Puente de los gitanos, calle Sevilla, paseo Ruiseñores en dirección contraria para acabar, rompiendo la valla, sumergido en el canal.

Al igual que éstos, mi cliente también salió en la prensa, me seguía contando mientras renegaba de la policía. Vio el control pasando el puente de Hierro y decidió echar marcha atrás y huir, hasta arriba de todo. Me acorralaron y me detuvieron a punta de pistola, me hicieron hicieron sentir como un criminal, me explicaba.

Desde aquí agradecer a las fuerzas y cuerpos de seguridad que nos quiten a estos tipejos de la circulación.

Cómo me dijo el cliente, que valga bien.





martes, 23 de diciembre de 2025

Próxima parada: estación Delicias

Y ahora sopla el viento, cuando el mar, quedó lejos hace tiempo

Dicen que Manolo García compuso estos versos del tema Pájaros de Barro al salir de la estación Delicias, en una de sus visitas a Zaragoza. Y es que, ¿quién no ha sido el famosillo que no ha escrito algo acerca de su experiencia en su paso por la estación?

Que sí, que hace frío en invierno, ya lo sabemos, pero joder, tampoco es para tanto. 

El pionero fue el gran Leo Harlem. Mucha gente piensa que es maño, por lo bien que nos retrata, por su nobleza y por lo majo que es. Leo decía que en la Estación Delicias se fábrica el frío y se exporta y que le pusieron ese nombre para despistar.

Nosotros, los taxistas, tenemos una relación amor-odio con la estación. Yo apenas voy, pero hay compañeros que prácticamente solo se alquilan ahí. 

Obviamente, es el principal caladero de clientes que hay en Zaragoza. 

Desde hace un tiempo nos cobran hasta por usar el baño. Imagino que la medida irá destinada a disuadir a las personas que hacen un mal uso, pero a los compañeros prostáticos les han hecho una faena. Entiendo que la medida habrá hecho que el servicio del taxi se resienta. Por otra parte, esas paradas son el epicentro de los mentideros de taxistas. Donde se producen los más intensos debates de la actualidad del gremio.

Para nosotros Leo, peor que el frío, es ponerse a esperar clientes al sol. 

En verano a partir de las 11 de la mañana se derriten las farolas, y sí, hay aire acondicionado, pero más de 10 minutos al sol no los aplaca. 

Recuerdo que cuando la estrenaron, un cliente oriental que iba con prisa y no sabía que estaba en funcionamiento, viendo que llevaban una ruta distinta a la que era a la antigua estación, golpeó a un compañero, haciéndole perder un ojo. Por favor, confiar en los taxistas, igual que Leo, somos gente noble. 

Termino por Manolo García, dedicado a los viajeros, en los mapas me pierdo, en las carreteras duermo. 



domingo, 14 de diciembre de 2025

Palabras para Julia



La nuestra debería ser considerada como una profesión de riesgo. Concretamente de riesgo de encontrarte con situaciones surrealistas, esdrújulas, variopintas. 

Si hay un momento propicio para encontrarte con estás situaciones, más incluso que la noche del sábado, es la mañana del domingo. 

Noviembre, 11 de la mañana, el invierno avisa que llegará pronto en una mañana fresca y húmeda. Me entra un servicio para recoger en la calle Bolonia. Necesitan dos taxis. Estaba algo apartado. Al llegar veo que un taxi y un coche particular arrancan de la puerta donde había que recoger, así que paro en la misma puerta. Tardo unos minutos en analizar lo que estaba pasando. En el patio había cuatro o cinco agentes de la policía local, uno de ellos en la puerta impidiendo la salida. El patio era pequeño, como de tres por tres y ahí se acumulaban unas 15 personas.

A dos metros del portal,  unos señores con cara de entre concentración y preocupación. Al otro lado de la calle, en la acera, 3 o 4 latinos con poca ropa y cara descolocada, hablando con el resto de la cuadrilla que estaban siendo cacheados o identificados por la policía en el patio. 

"Tú no puedes salir porque te hemos pillado con sustancias ilegales", le comentaba uno de los agentes a una chica. 

Yo, lo único que quería era recoger a mis clientes y marcharme, pero ninguno de los que estaban en la escena se me había presentado como cliente y el otro taxi ya había salido. 

Decidí usar el botón de contactar con el cliente y enseguida, de entre la marabunta, sale Alejandro, con lo que parecía una especie de mesa camilla portátil. 

Alejandro parecía el más sereno y espabilado de todos, - espera que falta alguno y nos vamos-, me dice.

Vale, por fin tenía identificados a los clientes, por un lado me tranquilizaba y por otro todo lo contrario. 

Empecé a entender la situación. Los jóvenes, colombianos de entre 25 y 30 años habían hecho una fiesta/bacanal durante toda la noche. Sexo, drogas y reguetón. Los vecinos, por más intentos de que bajaran el volumen durante toda la noche con repetidos picazos al portal, llamaron a la policía, y ésta se presentó con los funcionarios de Justicia, (las personas con semblante serio que estaban en la acera, junto a los vecinos denunciantes),  para poder acceder a la vivienda con la orden judicial y poder detener la fiesta.

Es éstas que se acercan dos personas de frente por la acera. Uno era el compañero taxista que no había recogido. Se había apartado para no impedir el paso. El otro era Emilio Larraz, hacía unas semanas había entrenado al Real Zaragoza, en ese momento se iba a entrenar al Deportivo Aragón. 

En 25 años que llevo en Zaragoza es la primera vez que veo a un entrenador del Zaragoza por la calle, vale que estemos en horas bajas, pero pasó totalmente desapercibido para el resto de la gente. Lo cual le añadía más surrealismo a la historia. Al compañero taxista le advertí que se tenía que llevar a las señoritas.

Se quedó perplejo, balbuceante, no sé si al final cargaría. Yo me fui con los chavales. Me tomaron como confidente de todas sus fechorías, controlaban una página de citas de Zaragoza entre otras cosas. Me pidieron que pusiera reguetón para seguir la fiesta. Para éstas ocasiones tengo preparada una lista de reproducción que empieza con "Palabras para Julia" de Los Suaves, poesía de barrio con potentes guitarras, ideal para despejar la cabeza de tonterías, recomiendo escuchar a todo volumen. Se me hace muy difícil respetar al que no se respeta ni a sí mismo, ni a los demás.

domingo, 5 de octubre de 2025

Al baño

Un compañero avisó por la emisora que había un servicio en una clínica del extrarradio. 

Eran sobre las 3:30, estaba cerca así que me acerqué a recoger. Era una pareja de Huelva (seguramente serían de Lepe). Tenían el AVE de vuelta a las 9:00 y querían aprovechar la tarde conociendo los monumentos mas importantes de Zaragoza.

- Buenas tardes, ¿nos lleva al Pilar y al baño? Por favor
- ¿Al baño? Respondo extrañado
- Si, nos ha dicho el compañero que está al lado del Pilar...
- Pues igual son las termas, o..,espera, ¿no será La Seo?




lunes, 9 de junio de 2025

He venido a hablar de mi libro

¡Siga a ese taxi! Es una frase molona que usa una campaña de publicidad del taxi en Zaragoza. Pero he venido a hablar de mi libro, o mañana estaré firmando libros en la feria, es de otro nivel. 

Eso es precisamente, lo que tuve la oportunidad de hacer el pasado domingo. Gracias a la Asociación Aragonesa de Escritores por la oportunidad. Fue un placer conocer y poder hablar con lectores y con otros autores aragoneses.  Mismas inquietudes y distintos modos de afrontarlas. 

Siempre es enriquecedor cambiar puntos de vista. Una experiencia inolvidable con la que pongo el broche final a la promoción del libro. Hasta aquí ha llegado.

La verdad que ha superado con creces mis expectativas, que no eran muchas al principio, pero enseguida se interesó en venderlo la Librería General o "La tienda de al lado" de Rosales del canal. A parte de estar disponible en todas las librerías digitales. Un día tuve la idea de ponerlo en la parte trasera del asiento del copiloto, y la verdad que llamó la atención. Hay quien lo lee, quién pregunta e incluso quien lo compra.

Todavía guardo algún ejemplar que tengo comprometido, pero aquí termina una etapa y puede que empiece otra. Ya amenazo con nuevas ideas y proyectos. Ahora ya me sé el camino: sólo me faltan otros 15 años tan intensos.




martes, 6 de mayo de 2025

El cojo del simpa



Me da un poco de cosa contar esta historia, pero viene a cuento por un detalle. Os pongo en antecedentes. Por suerte puedo contar con los dedos de una mano los simpas que he sufrido, pero ese día el que se fue sin pagar era un cojo. 

Los  había cogido en una whiskería de la avenida Madrid a las 5 de la mañana. Iba el cojo acompañado por un hombre de raza negra y me pidieron que los llevara a una discoteca de africanos que hay en la calle La Salina. 


Al principio muy majos, gracias por parar y todo eso, pero luego cambió el ceño y empezó a meterse conmigo por todo. No recuerdo los detalles, pero tras una discusión salió sin pagar. Decía que al ser minusválido tenía derecho a transporte gratis. Salí del coche para intentar retenerlo pero lo único que saqué fue un intercambio de insultos. Si lo tocaba y se caía, aparte de que se me iban a echar encima todos los amigos que tuvieran en la discoteca, si tenía lesiones y en la caída se lastimaba me podía buscar problemas. Pensé que el coste no me rentaba. Hay veces que lo correcto choca con lo adecuado, y lo adecuado con lo conveniente. Era una carrera corta, 6 euros. Montar follón y perder dos horas para recuperar 6 euros era lo correcto, pero me salía más a cuenta perderlo de vista. 

Hacer un simpa es un delito y las multas van de 1.000 a 2.000 euros. Hacerlos no siempre sale bien, y nos conviene denunciarlos, sobretodo para que no se produzcan más. El tipo era un indeseable, una de esas personas que esperas no volver a cruzarte en tu vida. 

El caso es que en otra carrera llevaba de pasajeros a una pareja de Nicaragüenses que iban hablando de un asesinato ocurrido en el Bar de la hermana de uno de ellos. El Bar Imperio, en la calle San Rafael. Por lo visto mantenía una deuda de 20 euros con el asesino. El asesino era un cojo que huyó corriendo, si, corriendo, a un bar cercano para despistar a la policía (lo grabó una vecina desde el balcón) y cuya descripción coincidía exactamente con la del cojo de mi simpa.

Una sola puñalada, pero certera, letal, acabó con su vida.

-  ¿Lo he matado? - Preguntaba el asesino del simpa mientras era detenido - porque si no vuelvo y lo remato.

viernes, 18 de abril de 2025

Un martes, a las 5 de la tarde


Un amigo me comentó un día, acerca de este blog, que casi todo lo que escribo sucede las noches del fin de semana. Y tiene razón. Pero juro que esta historia, por extraño que parezca, ocurrió un martes a las 5 de la tarde.

El caso es que cogí a un borracho en el Paseo María Agustín, a la altura de la parada de las antiguas cocheras de Ágreda. Caminaba haciendo algún traspiés por la acera, en un principio pensé que era por viejo, no por borracho. 

Me comentó que había sacado premio en la tragaperras y que llevaba tres pacharanes encima... a mí, que me gusta darles cuerda a los borrachos le comenté: 

- Hombre y las cervezas de antes de comer...y el vino comiendo, y algún carajillo, y algún chupito...

El hombre iba confirmando cada vez que añadía alguna bebida a la lista. Además le he pillado porros de dos clases a un moro y he estado con una casquivana...ya se vino demasiado arriba. 

Íbamos a la calle Conde Aranda, estaba cortada la avenida César Augusto por una obras y tuve que bajar por la calle Ramón y Cajal. Lo que me terminó de descolocar fue cuando me dijo que iba a comprar unas zapatillas que le dejaban por 30 euros y valían 60 en el Decathlon. 

En estás que, estando parado en el semáforo de Conde Aranda, había una mujer en la esquina haciéndome gestos. Yo estaba pensando en para qué querría las zapatillas el hombre pero a la vez, temiendo  de preguntarle para no oírme otra majadería, no había entendido los gestos de la mujer y bajé la ventanilla para escucharla. Se acercó echándose los dedos a la boca y pidiendo un cigarro. No respondía al estándar de mujeres que fuman en las esquinas de Conde Aranda. No fumo, le dije queriendo quitármela de encima, cuando el borracho contesto apresurado, sí  ¡toma! 

No tuve otro remedio que pasarle el cigarrillo. Entonces siguió pidiendo. ¿Me das un euro? ¿O euro y medio? ¿Para un café? 

Y el otro se echa la mano al bolsillo y le dice que ¡sí! En estás que un bocinazo del coche de atrás me devuelve a la realidad. ¿En qué momento, el trabajo me había colocado, un martes por la tarde, entre un viejo verde borracho y una fulana?

Hice el amago de arrancar y conseguí que se apartara un palmo. Cuidado que me puedes atropellar, me dijo. Momento en el que aproveché para arrancar y dejarla jurando y sin propina.

Le contaré a mí amigo que Zaragoza, también es la ciudad que nunca duerme. Incluso un martes a las 5 de la tarde.

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Perdida en la niebla


Madrugada del sábado, me entra un servicio a las 4:45 a recoger en la estación de servicio de Repsol en Sobradiel, a nombre de Davinia (ficticio) y su número de móvil. Esos eran todos los datos. Finales de noviembre, una espesa niebla en Zaragoza que no veías a 10 metros. 

Entendí que era la Repsol de la carretera de Logroño, pasado Sobradiel. No estoy seguro si pertenece a Torres o a Pinseque. Llegué y no veía a nadie, todo cerrado. Paro al lado de los surtidores y llamo. 

- En un minuto llego, me dice. 

Esto ya empieza a oler mal para mí. Pasan 5 minutos y al ver que no llegaba nadie llamo de nuevo. Entre que no hablaba bien el  español y que tampoco se orientaba bien, la chica me pasa con el camionero para hablar con él. 

- Estamos en la Repsol de la autopista en dirección Zaragoza.

La cosa se ponía mal. Al final, sigo haciendo amigos: señorita por la noche y en camión es como blanco y en botella, solo que el que iba como eso por rastrojo, de gasolinera en gasolinera, era yo. Un saludo a los compañeros de la quinta rueda.

Ya en la gasolinera de Repsol de la autopista, me sitúo entre la espesa niebla en una zona visible desde el restaurante y la gasolinera. Llamo de nuevo:

- Estoy entre la gasolinera y el restaurante. Estoy viendo ahora mismo un camión de Bidasoa que pasa delante mía.

- Pues no lo veo, aquí pone Petronor, es que...no sé,  no sé y ahora se ha ido el camionero este, espera que te paso con el camarero me dice.

El taxímetro se calentaba a la misma velocidad que mi cabreo. Efectivamente estaba en la otra dirección.

Estuvimos discutiendo por teléfono un rato con el resultado final que yo no había recogido y que ella no se negaba a pagar lo que marcaba hasta entonces, pero la discusión terminó y yo me volvía de vacío a Zaragoza. 

La mayoría de las veces, estos casos terminan mal para nosotros, el cliente desaparece, no vuelve a contestar al teléfono, no recogemos y perdemos tiempo y dinero. Por suerte, ella volvió a llamar. 

- Oye que ya que te debo una carrera ven a buscarme y te pago las dos y me llevas a casa. 

De perdidos al río, pensé. Tenía que dar la vuelta llegando ya a Zaragoza y así lo hice. Por fin, la encontré.

Pasamos el peaje y paro en Alagón. Estás situaciones me gusta plantearlas como un win-win. Es decir, plantear un escenario en el que todos salimos ganando. Está feo hablar de dinero, pero tengo un compromiso con la verdad. La primera carrera subía a 60 euros. La segunda ya marcaba 47. Había que sumar el importe de los peajes más lo que subiera desde la placa de retorno hasta Torrero.

Le expliqué la situación y le dije: me voy a portar bien con usted, o me da 100 euros o le dejo aquí. A lo que accedió sin poner ningún inconveniente. Obviamente, no la iba a dejar ahí, pero me jugué un órdago a la juego y me salió. 

De vuelta la escuchaba hablar por teléfono con una amiga y me dio bastante pena la chica. Al parecer había tenido alguna desavenencia con el camionero y, además de decirme mal la dirección, la había dejado tirada.

No somos una ONG pero si te quedas tirada en mitad de la niebla en medio de la noche: confía en el taxi.

domingo, 1 de diciembre de 2024

Objetos perdidos



Zaragoza se está convirtiendo desde hace tiempo en un referente en cuanto a la celebración de despedidas de soltero/a. Me comentaban las clientas que se lo habían pasado en grande, pese a que, por la lluvia de todo el finde, habían tenido que cambiar de planes sobre las marcha, y en lugar de una gincana por la ciudad, la empresa les había organizado una especie de guerra de láser o algo así. 500 euros llevaban gastados en taxis me comentaba María, obviamente no iba en las mejores condiciones para echar cálculos de ese tipo.

Las había recogido en la puerta de La Casa del Loco a las 6 de la mañana. La calle estaba a reventar, mi coche abierto de par en par mientras decidían quién de las 10 o 12 madrileñas que iban se subía. La del megáfono gritándome en la oreja, gente apoyada en el coche ofreciéndome cosas, en fin, una liada. 

Cuando por fin entraron todas en el coche, un amable borracho se encargó de abrirme paso entre la multitud. Oasis, Pereza y Extremoduro sonaban en la lista de reproducción. Yo, que extraño la juerga, subía el volumen en cada canción. Se las cantaron todas. Un fin de fiesta perfecto si no fuera por un detalle: se habían dejado una chaqueta.

Al momento me llamó la central, las chavalas le habían pedido mi número personal para devolver la chaqueta. A los minutos me llamó María. Le comenté que iba alquilado a Rosales del Canal y me costaría media hora llevársela y que, lógicamente, tendría que abonarme la carrera, a lo que me contestó totalmente fuera de sí que tenía 4 horas para dejarla en objetos perdidos o me denunciaba.

Tenemos tres días para devolver lo que se dejan en el taxi y el fin de semana la oficina de objetos perdidos está cerrada, así que su amenaza no tenía ningún fundamento. Siempre lo exagerado resulta insignificante. 

Pensé que me llamarían por la tarde, ya más tranquilas para llevarlas al AVE para ir a Madrid y así recuperar la chaqueta, así que decidí llevar la chaqueta en el coche toda tarde. 

A las 5 de la tarde me pasan un servicio para la Bodega de Chema, cocina aragonesa y clientes habituales. A nombre de María. Algo me daba al hocico. Me voy acercando y veo un grupo de 10 o 12 tías.  No puede ser tanta casualidad, aparco en la puerta y se acerca María, un tanto avergonzada y pregunta: ¿mi chaqueta?

sábado, 21 de septiembre de 2024

Berenguer de Bardaji

He vivido varios años en esa zona, entre Vía Universitas y paseo Calanda y la conozco palmo a palmo. 

No tenía garaje, así que he dado vueltas durante horas por esas calles en forma de laberinto buscando aparcar. 

No diré que se ha degradado la.zona porque se enfada mi librera, pero la realidad es que ha acogido mucha inmigración en las dos últimas décadas.


Era una noche cerrada de invierno, una espesa niebla cubría Zaragoza y se apretaba más en esas estrechas calles. Me entró un servicio para recoger en Berenguer de Bardaji y pasé unos segundos antes por el lugar de los hechos. Di la vuelta a la manzana y me quedé en la puerta a esperar a mis clientes, una pareja de latinos. 

Con las ventanas arriba del todo y la radio no distinguía si los gritos que escuchaba eran de auxilio o gente cantando. En ese momento salieron mis clientes y se percataron que una chica se acercaba llorando y pidiendo ayuda: le acababan de robar el móvil.

El ladrón había pasado a 3 metros de mi hacia 20 segundos. Una enorme.sensación de impotencia se apoderó de mi, solamente había visto a un tipo con capucha pero no sabía nada más. Ponerme a correr por las calles abandonando el coche tampoco parecía la.mejor idea. Por suerte, mis clientes reaccionaron mejor. Se acercaron a consolar a la chica y a ofrecerle ayuda. Mientras, yo volvía de mi estado de piedra y decidimos acompañar a la chica a la Policía a poner la denuncia. Melisa, así se llamaba la chica, era una estudiante de Erasmus italiana la que le habían robado algo más que el móvil en una noche fría de niebla en las Delicias.

 


 

domingo, 30 de junio de 2024

Macarena

¡Macarena...Macarena! No sé cómo sería el comienzo de esta historia.

El sostenía como podía, casi sin tocar a Macarena, para evitar que besara el suelo, lo único que le faltaba por besar esa noche, antes de pararme en una calle del casco.

- ¿A donde vamos Macarena? Le preguntó al entrar al taxi.

Hablaba despacio y bajito, tenía pinta de informático, perilla, gafas de pasta y camisa de cuadros abierta con camiseta debajo. Es el héroe de principios de siglo XXI.

Macarena llevaba un ciego como pocas veces he visto. Se había quedado sola en la discoteca y estaba pasando de brazos en brazos hasta que se percató de la situación el informático, que sería la única persona cuerda que había en la sala. 

No me imagino la escena en la que entra un friki tímido consigue quitarles la presa fácil a tiburones babosos. El caso es que los tenía en el taxi. 

- A Punta Cana, contestó Macarena. Punta Cana en un restaurante de comida caribeña donde terminan la noche los latinos de la ciudad, almorzando comida latina como frijoles, arepas y otras cosas. No era sitio para Macarena y menos para nuestro héroe. Le advertí de esta circunstancia al chico mientras le decía te quiero...te quiero llevar a casa Macarena. Yo también te quiero gilipollas, pero llévame a almorzar - espetaba ella. 

Mientras intentaba sacarle donde vivía, Take That, una boy band británica de los 90'  sonaba en la radio, su reacción delató su edad, pasaba los 40. Su vestimenta juvenil y su maquillaje no conseguían tapar sus incipientes patas de gallo. Mientras tanto él, tímido y lánguido, pero con una integridad de hierro no desistía en su empeño de dejarla sana y salva en casa. 

Por suerte para el chico, al llegar al sitio estaba cerrado, eran las 6 menos cuarto y abría a las 6. El restaurante está en la calle Lastanosa, una zona del barrio de Delicias que se ha convertido en una especie de gueto, donde prácticamente sólo hay bares latinos y africanos y es muy difícil ver a gente de otras etnias entrar en esos locales.

Finalmente dejamos a Macarena en su portal, en el tercero que nos dijo, en una calle nueva que hay al lado de la estación Delicias. La paciencia del chico tenía un límite, se cansó de aguantar los insultos y envites de Macarena y no quiso entrar en su vida, sólo la salvó una noche.


viernes, 29 de marzo de 2024

Diario de un taxista ya está en libro


 

Dos premisas he tenido siempre presente a la hora de publicar mis historias aquí: primero que todo lo que es verdad, no hay nada hinchado ni nada inventado. Segundo que todo me ha ocurrido a mi, en primera persona, no cojo historias de otros compañeros y me las acomodo. 

Esas dos premisas me llevaron también a culminar un proyecto personal muy bonito, que fue la publicación del libro Diario de un taxista en Zaragoza

Lo hice a través de una editorial online alemana, Bod.com, mucho mejor y más fácil que en Amazon, y la verdad que estoy muy satisfecho con el resultado y con la acogida que está teniendo. 

Tiene pocas semanas de recorrido y ya está en formato papel en la librería General en Zaragoza, además de en la web de El Corte Inglés o bod.com, entre otras y en la que mejor me han tratado, librería La tienda de al lado, en Rosales del Canal, y en formato digital en Kobo, o la App de book de Apple.


Ponemos así punto y seguido, después de estos 15 años de publicaciones online, recogidos en el libro, seguiremos contando batallitas por aquí y ya veremos lo que nos va deparando el futuro.